Se acabó el PP
Actuaré de Nostradamus por una vez.
Teniendo en cuenta que ya son muchos los medios afínes (y Libertad Digital no es ni el menor ni el que menos grita) que hablan acerca del fin de este partido, y no de forma demasiado críptica, y visto lo visto acerca de la incompetencia de Rajoy para contentar a unos y a otros (léase la derecha derechosa y la derecha liberal), al Partido Popular le quedan los días contados. Ya le pasó una vez a UCD. También a AP.
El fin del PP era cosa cantada si perdían las elecciones y Rajoy no abandonaba la dirección de Génova. Eso sí, mucho se han apresurado los arribistas en proclamar una nueva era. La única solución es que Esperanza Aguirre o Rodrigo Rato, los únicos que podrían resucitar una opción política ya moribunda, cojan las riendas. Y rápido. Pero eso no va a pasar: Rajoy va a reivindicar, rodeándose de los que menos pueden ayudar a su lucha, su liderazgo. Una buena parte de la masa electoral que los apoyó vivirá ajena a la tragedia, pero el resto, los mejor informados, sabrán que los otrora medios afínes empiezan a apoyar sin ambages a Rosa Díez y su UPyD. Y se posicionarán.
Si la cosa no cambia es muy fácil vaticinar: dentro de cuatro años, nueva victoria socialista, hagan lo que hagan, y vaya la economía de culo (como ahora) o directamente en caída libre (como se augura). El PP, con Rajoy, con resultados paupérrimos que le obliguen a entregar las riendas de un partido difunto a Gallardón o alguien similar. UPyD dando la campanada. Los nacionalismos aumentando o manteniéndose (dependiendo de la región histórica: está por ver que Ibarretxe no la cague aún más). La verdadera izquierda, en la cloaca, salvo milagro del que yo me haré fanático y deudor.
Duro futuro el que nos espera, el de una democracia que andará a la deriva durante al menos legislatura y pico más, con un país con dos facciones (las de siempre), la una condescendiente con lo que pase y la otra enfrentada entre sí, más preocupada en batallas de alcoba y sillón que por otra cosa.
Agarraos que vienen curvas.
Teniendo en cuenta que ya son muchos los medios afínes (y Libertad Digital no es ni el menor ni el que menos grita) que hablan acerca del fin de este partido, y no de forma demasiado críptica, y visto lo visto acerca de la incompetencia de Rajoy para contentar a unos y a otros (léase la derecha derechosa y la derecha liberal), al Partido Popular le quedan los días contados. Ya le pasó una vez a UCD. También a AP.
El fin del PP era cosa cantada si perdían las elecciones y Rajoy no abandonaba la dirección de Génova. Eso sí, mucho se han apresurado los arribistas en proclamar una nueva era. La única solución es que Esperanza Aguirre o Rodrigo Rato, los únicos que podrían resucitar una opción política ya moribunda, cojan las riendas. Y rápido. Pero eso no va a pasar: Rajoy va a reivindicar, rodeándose de los que menos pueden ayudar a su lucha, su liderazgo. Una buena parte de la masa electoral que los apoyó vivirá ajena a la tragedia, pero el resto, los mejor informados, sabrán que los otrora medios afínes empiezan a apoyar sin ambages a Rosa Díez y su UPyD. Y se posicionarán.
Si la cosa no cambia es muy fácil vaticinar: dentro de cuatro años, nueva victoria socialista, hagan lo que hagan, y vaya la economía de culo (como ahora) o directamente en caída libre (como se augura). El PP, con Rajoy, con resultados paupérrimos que le obliguen a entregar las riendas de un partido difunto a Gallardón o alguien similar. UPyD dando la campanada. Los nacionalismos aumentando o manteniéndose (dependiendo de la región histórica: está por ver que Ibarretxe no la cague aún más). La verdadera izquierda, en la cloaca, salvo milagro del que yo me haré fanático y deudor.
Duro futuro el que nos espera, el de una democracia que andará a la deriva durante al menos legislatura y pico más, con un país con dos facciones (las de siempre), la una condescendiente con lo que pase y la otra enfrentada entre sí, más preocupada en batallas de alcoba y sillón que por otra cosa.
Agarraos que vienen curvas.





















