miércoles, junio 24, 2015

Obsesión



Estoy obsesionado con esta canción desde que la escuché por primera vez, hace unos días.

"Two Hearted Spider"

I wanna come over,
I want to come over,
And tear the place apart with you.

In the arms of a lover,
A two hearted spider,
I'm just a mess for you.

Oh, my na'veté,
Oh, my fickle views,
I feel my blood boil,
As our shadows fuse.

Every move you make,
Breaks me, breaks me.
Every smile you fake,
Breaks me, breaks me.

Let's build ourselves an island,
I want it now,
If they build a prison,
I'll knock it down.

Oh, my na'veté,
Oh, my fickle views,
I feel my blood boil,
As our shadows fuse.

Every move you make,
Breaks me, breaks me.
Every smile you fake,
Breaks me, breaks me.

I saw our shadows dance before the dawn,
I saw our shadows dance before the dawn,
And it breaks me, breaks me,
Breaks, breaks me, me, me, me.

Every move you make,
Breaks me, breaks me.
Every smile you fake,
Breaks me, breaks me now.

Every move you make,
Breaks me, breaks me.
Every smile you fake,
Breaks me, breaks, breaks,

Every move that you make.

Reptil

En mis sueños sigues teniendo
el rictus perfecto de la belleza extrema,
imperfecta como eras, eres, serás.

No hay manos suficientes en este planeta
para tocarte como es debido. Para

acariciarte
mancillarte
abofetear con furia
deslizar el dedo por tu espalda de reptil
sostener tu cuello, tal vez con dulzura,
desgarrar tu carne y luego engullir
tocarte
tocarte
tocarte
hasta el orgasmo.

Hubo un toque de queda, y una retreta,
y mil apocalipsis violentos en torno al humo que irradia tu boca
encapsulados en las noches en que te sueño entera y mía.

martes, junio 02, 2015

Certezas

Todos los bebés nacen muertos,
y los viejos están llenos de vida.

Somos una paradoja en nosotros mismos,
ahítos de la sed que da el ansia de extinción.

Nacemos, vivimos, morimos,
nunca en el orden correcto de las esferas celestes,
nunca como lo hacen los cuadrúpedos, los herbívoros,
los anélidos que se arrastran,
esos especímenes toscos antediluvianos de los libros de texto.

Boqueamos buscando aire, buscando vida,
anhelando una razón para no naufragar en la intemperie
de las noches sin Luna, los días de frío,
las madrugadas serenas en las que el viento húmedo te empapa
de promesas de solemne dicha.

Todos los bebés nacen muertos,
y los viejos están llenos de una vida,
que los jóvenes beben a bocanadas.

Yo, que el pañal ya desterré lejos,
y que lejana queda mi juventud insomne,
y que aún no peino las canas de la próstata corrupta,
no siento la vida como mía,
y la observo como quien ve llover,
lejana y transparente,
como un algo que pasará algún día,
como un algo que les pasa a otros, los que se mueren.

Qué penoso observar la existencia
como el que asiste al preestreno de una obra,
encaramado a la butaca, ansioso
por aventurar la trama,
desvestir a los personajes,
adivinar sus diálogos y posturas,
llorarles cuando desaparezcan de escena.

Todos los bebés, sí, nacen muertos,
los viejos están llenos de vida,
y los jóvenes la engullen
con bocas enormes llenas de dientes y lenguas;
y yo, a medio camino del todo y de la nada,
contemplo,
simplemente contemplo,
espectador, observante, testigo,
los días que me separan de la losa.

Bye June

Sí, sí, es verdad, es la única verdad*,
lo has visto grabado en piedra,
lo escuchaste a media voz en noches de Luna Nueva:

Existimos, y pensamos, y
somos, sobre todo somos,

poco menos que nada,
apenas un ápice de existencia,
acaso un trazo de inteligencia aferrada a un trozo de cuerpo.

Pero ni el cuerpo ni la inteligencia ni la existencia ni la nada
significan más que nada en nuestros ojos vacíos llenos de vacío.

Nuestros ojos son nada, nuestra respiración no significa gran cosa,
nuestros cuerpos son los yermos que recorremos en un caminar angosto,
pensando en la finitud, y en la pobreza de nuestros espíritus,
y en el recorrido abrupto lleno de incertidumbres
de nuestra vida plagada de paradojas.

La estupidez máxima es creerse vivo, y entero,
al respirar cada mañana.

Sí, sí, es verdad, es la única verdad,
lo sabes de madrugada cuando las arterias muerden,
los labios sisean, y las cabezas,
ay, las cabezas,
se convierten en simplemente ojos que observan
un Todo absoluto lleno de Muerte.



*El primer verso es de Vicente Aleixandre.

sábado, mayo 30, 2015

E.

Tan pequeño como un puñado llegaste a la vida,
una incógnita en ti mismo.

Eras, pero a la vez, no eras, entiéndeme.
El primero, y el segundo, y el único.
Los ojos de tus padres entornados sobre tu estampa
magnífica e insignificante.

Cada respiración tuya es un desgarro,
cada bocanada de aire, si es en tu boca,
es el milagro pleno, la absoluta dicha.

Tienes que luchar, te obligo a hacerlo,
y serás un guerrero inquieto de noches oscuras.

Tienes que luchar, no me obligues a
pedirle a un dios que ni deseo, ni escucho, ni
venero
a que te dé vida, esperanza,


viernes, mayo 22, 2015

Nota al pie de página

Y a todo esto
soy el nombre que tú quieres que sea.
Es lo que me distingue de los demás, pero
también es
lo que me separa de forma absoluta de ti.

Somos dos. ¿Lo entiendes?
Únicos en la vacuidad, en lo fatuo, en lo oneroso,
genuinos en nuestra incompetencia.

Administramos veleidades mientras nuestros cuerpos
gestionan lo intrascendente.

La nuca en la orilla del verso,
una mirada a través del espejo,
manos rabiosas bordando verdades.

Mi cabeza ruge,
y tú no estás aquí. 

domingo, mayo 17, 2015

El lejano norte

Crecí en el extrarradio, cubierto de heces;
las farolas inexistentes mostrándome el camino
que va de la cuna a la tumba. Y de ahí al infinito.

El cielo en el lejano norte no se ilumina nunca
porque los niños desnudos que juegan con las navajas afiladas
tienen nombres de telenovela o jugador de fútbol.

Este que te acuchilla se llama Giovanni,
este que permite el vicio, Carlos Alberto. 

De pequeños, ajenos, jugábamos
en este descampado sembrado de escombros.
Había jeringuillas apuntando al cielo
y te sentías fuerte al evitar sus letales agujas.

Una madre, dos madres, tres
gritándote improperios si tu mano golpeaba a su hijo.
Te querían muerto y aislado e inmune
en el momento exacto de la mayoría de edad.

Las lenguas se convertían en llamaradas irónicas
si al prosperar abandonabas el barrio sombrío.
Los que de tu estirpe allí quedaban
eran el chiste del día, de la semana, del mes.

Crecí en un extrarradio cubierto de heces,
jeringuillas, navajas, destiempo de autobuses,
policía secreta, filibusteros de paisano,
el parque roto, los columpios oxidados, la muerte
siempre rondando
impasible
sobre las aceras maniatadas,
los crepúsculos,
esos primeros besos,
la yerba de mercadillo,
el cuatro por cuatro vestido de verde.

Nací en el barrio y moriré
decenas de miles de veces
mientras ululan las sirenas, los cláxones, las alarmas
que alertan del peligro ajeno. Mío, tuyo, nuestro.

El viaje empezó en el peor de los sitios
en el que sentirse pequeño.     

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