viernes, mayo 22, 2015

Nota al pie de página

Y a todo esto
soy el nombre que tú quieres que sea.
Es lo que me distingue de los demás, pero
también es
lo que me separa de forma absoluta de ti.

Somos dos. ¿Lo entiendes?
Únicos en la vacuidad, en lo fatuo, en lo oneroso,
genuinos en nuestra incompetencia.

Administramos veleidades mientras nuestros cuerpos
gestionan lo intrascendente.

La nuca en la orilla del verso,
una mirada a través del espejo,
manos rabiosas bordando verdades.

Mi cabeza ruge,
y tú no estás aquí. 

domingo, mayo 17, 2015

El lejano norte

Crecí en el extrarradio, cubierto de heces;
las farolas inexistentes mostrándome el camino
que va de la cuna a la tumba. Y de ahí al infinito.

El cielo en el lejano norte no se ilumina nunca
porque los niños desnudos que juegan con las navajas afiladas
tienen nombres de telenovela o jugador de fútbol.

Este que te acuchilla se llama Giovanni,
este que permite el vicio, Carlos Alberto. 

De pequeños, ajenos, jugábamos
en este descampado sembrado de escombros.
Había jeringuillas apuntando al cielo
y te sentías fuerte al evitar sus letales agujas.

Una madre, dos madres, tres
gritándote improperios si tu mano golpeaba a su hijo.
Te querían muerto y aislado e inmune
en el momento exacto de la mayoría de edad.

Las lenguas se convertían en llamaradas irónicas
si al prosperar abandonabas el barrio sombrío.
Los que de tu estirpe allí quedaban
eran el chiste del día, de la semana, del mes.

Crecí en un extrarradio cubierto de heces,
jeringuillas, navajas, destiempo de autobuses,
policía secreta, filibusteros de paisano,
el parque roto, los columpios oxidados, la muerte
siempre rondando
impasible
sobre las aceras maniatadas,
los crepúsculos,
esos primeros besos,
la yerba de mercadillo,
el cuatro por cuatro vestido de verde.

Nací en el barrio y moriré
decenas de miles de veces
mientras ululan las sirenas, los cláxones, las alarmas
que alertan del peligro ajeno. Mío, tuyo, nuestro.

El viaje empezó en el peor de los sitios
en el que sentirse pequeño.     

sábado, mayo 16, 2015

Humanidad

Hace millones de años éramos menos que nada,
ahora somos el parpadeo de una estrella
mientras soñamos
amor
lealtad
justicia
fiebre.


La sinceridad

Me considero un mal buen tipo.

Me apasionan las cosas sencillas, tales como son
tus ojos, tu pelo, una mirada a destiempo, el roce de tus manos.

También
los ojos de una colegiala, el pelo de la vecina,
la mirada a destiempo de tu hermana,
el roce de las manos de una desconocida.

Me follaría cada palabra dicha si tuviera agujeros suficientes.


Polvo somos

Nací muerto. Como todos.
Porque, no te engañes, tú llegada a este mundo hiede a cadáver:
la mujer que quieres no perdurará,
tus hijos te sobrevivirán y luego se harán polvo,
tu perro, tu gato, el dueño de la casa
serán cenizas tarde o temprano.

El que vigila tu hipoteca desde una atalaya insomne,
los que te juzgaron en exámenes, oposiciones y concursos,
el camarero que emborracha tus noches,
la cocinera de tus platos favoritos.

El taxista, el policía, el juez,
la que te puso la multa aquella mañana de frío intenso,
el árbitro que, cuando eras niño, te pitó un penalty injusto.

Todos están muertos desde la cuna. Todos
huelen como huele la carne reseca en la encimera
después de un julio angosto o un agosto reseco.

Olor a muerte. Es el tuyo, hazte el cuerpo a él.

Porque olerás y luego desaparecerás y luego
(con un poco de suerte)
solo serás una entrada que nadie leerá en wikipedia. 




jueves, abril 23, 2015

Zoe:Sol

Es admirable este destino que me une a ti,
vida mía,
protectora,
protegida. 

Pudiste no existir, pero existes, y gritas, y te enfadas
cuando papá, mamá, la yaya, el yayo, y Golfo,
ese perro al que ignoras,
no se postran, no claudican,
no son esclavos modernos anclados a tu minúscula mano.

Tu mano, tus manos firmes, prietas, blancas,
que aferran la vida con la fuerza de mil pegasos
que no vuelan sino en tu garganta cuando gritas
un "Aquí estoy", un "Yo existo"; un...
un grito, solo un grito en tu minúscula garganta.

Un grito, ese grito,
que paraliza el tiempo, el corazón, el miedo,
la ansiedad, la desidia, la pereza.

Tu voz pequeña parándolo todo sin pretenderlo.

Tus dedos adhiriéndose a la vida.

Tu lengua, que tanto tiene por decir,
deletreanto mi nuevo nombre:
pa-pá.

Mi nuevo nombre, el que tú me diste
y el que yo acepto.

Mariana:Estrella


Eres luz.
Toda tú brillas, inmensa en un cielo
cubierto, negrura infinita.

Escogiste mis manos de entre todas las manos
que cubiertas de signos de amor perpetuo se te ofrecían.

¿Y qué era yo sino un tú reflejado,
las mismas carencias, los mismos afectos,
la exacta vacía existencia del que tiene ojos como faros
en una noche sin barcos que naveguen?

Elegiste de entre una algarabía de voces
la más discordante:
la mía.

Eres luz.
Brillas perpetua en mi memoria,
en mis más oscuros secretos.
Tu vientre es el vientre,
tu boca es la boca,
tus manos poseen los dedos que señalan,
sin pretenderlo,
el objetivo, el fin, la ruta.

La ruta que lleva hasta tu boca
y que de tu boca llega hasta la mía.

Eres estrella, eres luz,
eres faro.

Eres. Y en ti, por fin,
soy.

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