martes, septiembre 12, 2006

Onceeme

Hoy iba a hablar (mejor dicho, y viendo la hora que es: ayer) del 11-M. Por supuesto. Algo así cómo "¿Qué estábamos haciendo cada uno el día fatídico? ¿Y en el 11-M?". Pero, carajo, visto lo visto hoy en televisión, radio, prensa, etc., sería cualquier cosa menos un mensaje original.

También me hubiera gustado hablar de si la guerra al terrorismo (islámico) desatada tras los atentados a Torres Gemelas y Pentágono ha servido para algo, pero también es un tema muy trillado.

Luego estaba la cuestión sobre si la tan cacareada "alianza de civilizaciones", tal y como está el percal, tiene alguna base o sólo es una utopía de los "no alineados" o los "casi no alineados". Pero luego me he echado unas partidas al "Heroes of Might & Magic V" y he llegado a la conclusión de que a veces nos comportamos (me refiero al mundo en general) como si fuéramos personajes de videojuego. Y éste en particular es muy susceptible, o al menos me lo ha parecido a mí esta noche, de ser confundido con la vida misma: son varias las razas, con sus unidades especiales. Si una raza en concreto "alista" unidades que no le son propias, baja la moral. Al principio, cuando el mapa no está del todo visible, todo va bien: cada cual va por su lado y se apropia de los recursos que tiene más cerca. Cuando un jugador ya conoce la situación exacta de sus enemigos y de sus recursos, lo único que desea es quitarle sus minas, aserraderos, etc., y, si puede, tomar sus ciudades. Se puede comerciar, sí, pero el objetivo primordial es aniquilar al contrario o, en algunos escenarios, encontrar un recurso mágico (que no es negro, ni borbotea, ni lo mismo sirve de carburante que de alimento, pero bueno) que te dé una ventaja competitiva esencial ante el contrario. Puedes invertir en cultura, infraestructuras, etc., pero al final prefieres utilizar la pasta para crear y promocionar unidades militares. Si te conquistan, adiós muy buenas: ni asimilación ni leches, una pantallita te avisa de que tu civilización ha sido eliminada y punto. Si huyes de una batalla, ya no existes. Y, las más de las veces, las batallas están tan descompensadas que, ya antes de empezar, sabes que vas a perder o a ganar. Si eres el más fuerte, te regodeas y no dejas títere con cabeza, pues pocas veces (y cuando lo haces es por hastío) permites que el enemigo huya. Si eres tú el que está en inferioridad, te lías la manta a la cabeza y luchas igualmente, aunque sea por el simple hecho de infringir la más mínima baja al enemigo. A veces, incluso, y aunque tus tropas sean cuatro gatos y las suyas mil leones, se te pasa un momento por la cabeza el consabido "Y si...".

Pues "y si" nada. Eso siempre. En un videojuego igual que en el mundo real. La carga de caballería del ejército polaco contra los panzers en 1939 se quedó sólo en eso: una anécdota que ahora casi parece divertida. Los persas ataban gatos en sus escudos al atacar Egipto porque sabían que ningún egipcio de buena familia se atrevería a atacar a un animal sagrado (espero no darles ideas los pakistanís para invadir India, nada más lejos de mis intenciones). Los hititas tenían otra ventaja competitiva, en su caso armas más fuertes debido a una metalurgia en ciernes, y se cepillaron a todo el que tuvieron cerca hasta que la patente empezó a circular de mano en mano. Y así ad nauseam.

Las ventajas competitivas de nuestro tiempo son muchas. La guerra energética está ganada de antemano por los países productores de petroleo (por eso habrá Yihad hasta que nos aburramos, por eso EEUU dejará en paz a Cuba mientras la República Bolivariana les siga apoyando); la guerra tecnológica ya no es patrimonio occidental, pero "Occidente" (entrecomillado porque Japón, China Nacionalista, Singapur y los demás "dragones" sólo serían "occidentales" vistas desde el punto de vista geográfico de un americano) sigue estando un pasito por delante. Por ahora. Luego están las ventajas competitivas de la China Popular o de India: gente a mansalva para ejercer de peón o de unidad militar o de como prefiráis llamarlos. Muchas ventajas competitivas para un escenario de juego minúsculo. Muchas posibilidades de que todo acabe como el rosario de la aurora. La única ventaja competitiva global, y que hemos echado por el retrete, era la de tener un mundo fértil (fértil en recursos de todo tipo), a nuestra disposición para siempre, pero eso ya lo estamos jodiendo desde la revolución industrial y dentro de no mucho, y perdonadme la franqueza y el pesimismo, no habrá fertilidad en ninguna parte. Eso sí, sí quedarán el resto de los ingredientes de juego: energía, tecnología, dinero y superpoblación.

Es muy probable que nosotros no veamos el "Game over", ni nuestros (vuestros) hijos, ni nuestros (vuestros nietos), pero qué duda cabe que está a la vuelta de la esquina. Hasta la partida más larga acaba terminándose, bien porque el objetivo del juego se cumple, bien porque un "bug" o un corte de luz lo acaban fastidiando todo. Yo sólo tengo una pregunta: ¿habrá alguien para iniciar un nuevo juego cuando éste haya terminado?

PD: Algún listillo habrá notado una incongruencia: en cualquier juego, si el jugador destruye a todos sus oponentes, gana. En la saga Civilization, por poner un ejemplo sangrante, incluso te permitían continuar el juego una vez lo habías ganado. Y todo iba sobre ruedas: o tú eras el único en quedar de pie, o el resto ya eran minúsculos de por vida. O sea, que según las reglas de muchos de estos videojuegos la única manera de conseguir la paz y el progreso es que sólo haya un verdadero jugador y que el resto o no existan o sean poco menos que marionetas. Y esta posibilidad, transplantada al mundo real, se me antoja casi igual de triste que la otra, la de la mutua destrucción.

10 comentarios:

José Ramón Vázquez dijo...

Curioso... Yo también acabo de engancharme al Heroes 5, por ahora en la segunda campaña :p
Sí, podría comentar lo sesudo pero soy un superficial.

Víctor Miguel Gallardo dijo...

El Heroes V es cojonudo, pero el III es inmejorable. Igual que el Civilization: el último es genial, pero es que el II...

Me alegra verte por aquí. :P

Juan Antonio Fdez Madrigal dijo...

Yo soy pesimista como tú, incluso más pesimista (no esperaría a los nietos).

Afortunadamente la historia es impredecible. Quién sabe si no sale por peteneras.

Víctor Miguel Gallardo dijo...

Yo soy tan pesimista como tú a ratos. Por eso no quiero tener hijos, no porque no me gusten los críos, ni porque no quiera que mis genes se perpetúen: simplemente que soy cabrón, pero no tanto.

Claro, lo mismo dentro de unos años cambio de opinión, pero crudo lo veo.

Víctor Miguel Gallardo dijo...

(Aparte del miedo intrínseco de que, en vez de un hijo nerd, que es lo que yo querría, me saliera el típico yoni-con-la-amoto)

Violante dijo...

Si tiene un hijo yoniconamoto lo mandas a un colegio del Opus. Que sepa lo que es la vida y lo bueno que es ser un nerd

Víctor Miguel Gallardo dijo...

¿Soy yo el único que ve los dichosos "/*?

Sí, los "/*

(O sea, comillas, barra, asterisco. Están en todas partes y no sé lo que significan. Igual que el EMMO hasta que descubrí lo que era)

(Que vaya chorrada, por cierto)

Juan Antonio Fdez Madrigal dijo...

Yo no veo ningún "/*, pero sí veo muchos yoni-con-la-amoto :-D

Gilda dijo...

¿Las bajas se infringen o se infligen? Es que me ha hecho pupa en las retinas (en las dos, pero no soy mala, conste). Y tampoco soy pesimista, que parece estar tan de moda como odiar la navidad. Tampoco juego a ninguno de esos videojuegos, ni sé lo que es un nerd, ni veo "/*. Ni sé qué hago aquí porque sólo podría llevarte la contraria, decirte que la historia se suele repetir y que, a veces, se aprende (a mí se me da regular). Ah, y que el programador que haya creado ese juego vive en este mundo y lo ha comprendido, en términos exagerados pero acertados.

Víctor Miguel Gallardo dijo...

Las bajas hacen lo que les da la gana, que para eso están abandonando el campo de batalla rumbo a casita. ¿Tú no les permitirías autodenominarse "vajas"? Pues eso, que no hay que hacer leña del árbol caído. :P

Ser pesimista no está de moda, es una condición vital de todo el que ve durante más de media hora seguida Antena3. Los videojuegos molan, te ayudan a evadirte de la realidad para... sumergirte en otra realidad bastante parecida a la que has abandonado. Un nerd... bueno, yo era un nerd y sigo siendo un nerd, pues me chiflan los atlas geográficos, las coches en escala 1/23 y los informes estadísticos del INE. Nerd perdido, vamos.

Ah, y me alegra verte por aquí, eso por descontado...

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