viernes, septiembre 15, 2006

Qué verde era mi valle



Y es. Pese a la especulación inmobiliaria, que amenaza con convertir lo poco que queda de la vega del río Genil en cemento, hormigón y asfalto, aún queda un trozo que no tiene del todo mala pinta. Un ejemplo, la foto. Eso es lo que veo cada mañana al levantarme. La foto está tomada desde el balcón de mi actual despacho, el sitio en el que me encuentro ahora mismo, desde donde maqueto cada libro de Parnaso, veo películas bajadas del BitComet o juego al GranadaRacer. El sitio en el que paso dieciséis horas al día (seis, más o menos, son de sueño; las otras dos para menesteres varios como ir al supermercado, cocinar, la oficina de Correos, el banco, los deberes conyugales...). La verdad es que me ha cambiado el caracter (a mejor, tengo que aclarar) desde que nos mudamos a este nuevo piso. Alfredo Álamo o Francisco Fernández, compañeros de Junta, pueden dar fe de que las vistas desde mi anterior lugar de trabajo eran... ¿cómo decirlo? Deprimentes. A un patio. ¿Para qué sirve vivir en un pueblo si, a fin de cuentas, si te asomas a la ventana del despacho ves un tendedero? Pues, señores, parece que no, pero no sirve para nada.

Nací en el populoso barrio granadino del Zaidín, un engendro de bloques de pisos en el que se hacinan 60.000 habitantes. De allí pasé al lugar en el que me crié, el Polígono de Cartuja, el barrio con peor fama de Granada. No obstante, al menos allí tenía unas vistas decentes. Luego, ya independizado, al barrio del Realejo, la antigua judería, un lugar precioso pero... muy caro. Por fin, a Cenes de la Vega, pueblo dormitorio de la capital granadina, primero a un piso sin vistas y luego a éste. Que es una maravilla. No me quejo. Y muy barato. Teniendo la parada del autobús urbano a cincuenta metros, y un gran valle en el que puede corretear a su antojo mi gato, ¿qué más puedo pedir?

Sí, bueno, que no me roben el coche. Pero delincuencia hay en todas partes, y en términos granadinos (porque Granada para eso es chunga de cojones) Cenes es un pueblo relativamente tranquilo. Tenemos nuestros tres "elementos" particulares: el gitano borracho, el payo borracho, y el loco del boxer. Tenemos nuestro antro en el que consumir (al que le guste, que no es mi caso) estupefacientes. Tenemos nuestro equipo de fútbol en Regional Preferente. Lo dicho, tenemos delincuencia, pero poca. Será que mi coche es muy llamativo (y no te rías, Pily).

Bueno, con la siguiente foto sí te puedes descojonar. Yo lo hago. Mi gato es bizco.



Éste es Pentecostés. Pente para los amigos. Su padre era, suponemos, un siamés callejero. Su madre, la típica gata negra familiar a la que se cepilla todo el barrio (barrio gatuno, me atrevo a señalar). Nació el día en que murió Juan Pablo II, y aunque no soy sospechoso de ser Católico Apostólico Romano (ver aquí), le pusimos el nombre un poco en plan coña: el Espíritu Santo ha abandonado el cuerpo del Sumo Pontífice y se ha encarnado en un gato de pelo blanquísimo.

Cabía la posibilidad ya que los caminos del Señor (dicen) son inescrutables, pero a la larga me he dado cuenta de que no. Pentecostés (que por cierto dio nombre, sin saberlo, a mi anterior blog, aún operativo y que servirá para recoger mis chorradas) es un cabrón de tomo y lomo. Muerde, araña y bufa. También ronronea. Y duerme las 3/4 partes del día. Una delicia, vamos.

El valle y Pente tienen una relación de amor-odio. Cada cierto tiempo Pente salta por la ventana (¿qué es un segundo piso para un gato? Pues poco más que un escalón) y se va a dar vueltas por la vega granadina. Y, curioso, siempre lo hace cuando hay tormenta (¿qué era eso de que a los gatos no les gustaba el agua? Una patraña). No hay duda de que el hideputa disfruta cantidad de sus salidas, pero bien es cierto que siempre vuelve hecho un cisco. La primera vez fue espantoso: me lo encontré en la puerta de casa maullando como un descosido, cubierto de barro y lleno de hierbajos, con un mordisco en el lomo y otro cerca del ojo. Ayer se escapó otra vez, y hoy lo he encontrado cerca de casa yendo tras la gatita de los vecinos (que se llama Nini) con otro mordisco en el hocico. Es lo que tienen los gatos castrados: que sienten curiosidad pero, a la hora de la verdad, no cumplen. Y eso a las gatas les molesta bastante, lógico.

Adoro a mi gato. De hecho, adoro a los gatos en general. No sólo me parecen animales estéticos, lo que realmente me fascina es esa mezcla de sutileza y torpeza que emana de ellos, porque cuando quieren son realmente trastos. Un poco como yo con un par de cervezas de más.

Pero, ¡ojo!, que antes he mencionado el GranadaRacer.



GranadaRacer es el videojuego más netamente granadino de la historia. Ha sido desarrollado por los chicos de VelocityNet, y por ahora es un juego de carreras de coches on-line que discurre por las calles de Granada. Digo "por ahora" porque su intención es convertirlo en algo estilo "Gran Theft Auto". Os animo a pinchar el link y bajaros la demo del juego. Qué duda cabe que se lo han currado.

Por cierto que habíamos hablado con algunos de estos chicos (de VelocityNet) para que participaran en el rol en vivo que se iba a desarrollar en la HispaCon de Córdoba (son muy aficionados, y han organizado mucho rol en vivo en Granada en los últimos años). Obviamente, y como Córdoba no va a existir, no tendréis la oportunidad de conocerles en la próxima hispacón. Una pena.

Me despido con mis últimas impresiones. Acabamos de venir del centro de la ciudad de tomarnos unas cañas (con su respectiva tapa gratis, os chincháis los que no seáis de Granada, Almería, Jaén o Ciudad Real) con Raúl Gonzálvez, editor del Grupo AJEC. Mañana es fiesta allí (la Ofrenda Floral a la Patrona, la Virgen de las Angustias) y todo el mundo estaba en la calle de parranda. Pues esa es mi última impresión: hay que pasarlo bien. En los últimos años han muerto varios amigos y conocidos, todos entre 30 y 50 años. Qué duda cabe de que ellos, a excepción de Tina, que se suicidó, no sabían la fecha exacta de su muerte. Nosotros tampoco. Nadie lo puede saber (excepto en casos de suicidio premeditado, lo cual no aconsejo por razones obvias tales como la inutilidad de la "marcha atrás" que tan buenos resultados nos da en otras disciplinas de alto riesgo). Por tanto, vayamos de parranda, que cada día sea una fiesta y, con cariño y con amor, que le den por culo al mundo, empezando por los que no nos tragan, nos critican (de forma abierta o anónima) o nos hacen la vida imposible. Repito: que les den. Con cariño, y con amor, pero también con una flauta travesera bien afilada o un bokken de aluminio.

:-) ¿A qué soy la monda?

Lo que me gusta de mi valle, mi gato y el GranadaRacer es que no me piden nada a cambio de mi disfrute aparte de un poco de atención para, respectivamente, no ahogarme en el río, no olvidarme de su pienso y no derrapar en la plaza de la catedral y llevarme por delante a un par de ancianitas ciegas.

He dicho.

5 comentarios:

Juan Antonio Fdez Madrigal dijo...

Que vistas más guais...

Ahora, si yo me enfrentara a esas vistas después de dormir sólo 6 horas en vez de naranjos vería mini-Ents :-)

Fran Ontanaya dijo...

Mi gato también es algo bizco y cruzado de siamés albino.

Pero cruzado con atigrado europeo, lo que significa… bueno, un metro de gato de hocico a rabo. Cuando se cruza en el pasillo toca las dos paredes. O_o

Pily B. dijo...

Llegaste tarde a lo de la risa.

Y las vistas son fantásticas, deja de hacerme de rabiar con restregarme Granada por las narices, sea pueblo o no. Ya sabes que es una de mis debilidades.

En cuanto a el bizqueo de tu Pente, debe ser amor de ¿tía? En fin... pero yo no le veo lo que tú dices. Eso sí, me recuerda un poco a Bowie. XDDDDDDDD

Y mi gata es una gorda.

He dicho!

PD: Quítale el cartel de "róbame, por favor" a tu coche. Que te lo tengo dicho. XDDDDDD

Chrome dijo...

Oye, que en Madrid también dan tapas gratis! En algunos lugares memorables dan hasta raciones gratis. Te tomas dos cañas en El Boñar y sales habiendo comido (y con media moña, porque las "cañas" son señoras jarras de cerveza).

Fran Ontanaya dijo...

Leches, ¿"El Boñar" es un restaurante que está como en un callejón donde ponen las mesas?

Si es el que yo conozco, confirmo la versión. Por un par de cañas te pones hasta el culo.

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