miércoles, septiembre 27, 2006

Se buscan negros

Pues eso, se buscan negros. El otro día el amigo Alfredo me hizo llegar un enlace muy bonito a una editorial que, directamente, ofrece "negros", gente que escriba tu libro. La verdad es que me reí y me escandalicé a partes iguales. ¡Válgame el cielo! ¡A lo que hemos llegado!

Hoy, esa misma editorial, me ha mandado un mail. Buscan un escritor para hacer la biografía de un personaje de cierta localidad barcelonesa (omito el nombre, sólo diré que es la sede de ciertas empresas muy conocidos de la industria del cerdo y que Marco Antonio Raya, mi primo y compañero de falacias, la conoce, a su pesar, muy bien). ¡Toma!

Pues nada, yo también busco negros, gente que escriba la novela que yo no soy capaz de parir. Prometo remuneración proporcional a la valía del interesado/a, muchas cervezas en el ínterin y, desde luego, un buen rollo que te cagas (lo mínimo que uno puede hacer cuando está en ciernes un nuevo Alejandro Dumas).

Tengo cuatro novelas en el armario, una de ellas completa. La que está terminada, ya suficientemente digerida por Charlotte y Francesita, por ejemplo, es de corte juvenil, temática ci-fi muy chorra, y muchas, muchísimas risas. La escribí antes de conocer a Charlotte (o sea, que es "de juventud"), pero curiosamente la co-prota se llama Gabriela y uno de los personajes se llama EXACTAMENTE igual que mi suegro. La co-prota es uruguaya, así que elegí un nombre muy uruguayo, y obviamente mi suegro no se llama Ian Kevin Des Moines o Cutchilu Pahpah, sino que tiene uno de los nombres y uno de los apellidos más comunes en la Pérfida Albión (más o menos como si un checo le pone a su prota español de nombre José García o Manuel Martínez, vamos).

Esta novela, pese a estar terminada y rematada, necesita una reescritura. Tengo la suficiente falta de modestia como para ser consciente de que, en cinco años, he mejorado mucho. Muchísimo, a mi parecer. Para muestra de esa desfachatez juvenil, valgan un par de botones:

-... y este es el salón-comedor-sala de té - dije, entrando con ella -. Aquí tenemos - y empecé a señalar, como si fuera un guía turístico - el Sillón Rojo, el Sillón Verde, el Sofá del Gato, la mesa, la Silla del Este, la Silla del Oeste, el Reloj Surrealista, la radio, un jarrón que nos encontramos por ahí y al que mi compañero de piso llama Mingo, la televisión, la Lámpara de la Izquierda, la Lámpara de la Derecha y el armario. Y ese gato que hay ahí se llama Miki.
Maggie me miraba, entre extrañada y divertida.
-¿Todo en este salón tiene nombre propio?
-Casi todo.
-¿Y el chaval que está tumbado bocabajo en el - se pensó un momento lo que iba a decir -, en el Sofá del Gato?
-Ah. Ese es Emi. Es mi compañero de piso. Debe estar durmiendo la siesta, o muerto, o algo así.
-No estoy dormido ni mucho menos muerto, estaba pensando - y diciendo esto se dio la vuelta y se levantó de un salto, aterrizando justo junto a Maggie. La miró de arriba abajo y le sonrió, sobreactuando a todas luces. Ella le devolvió cortésmente la sonrisa.
-Víctor, ¿puedes acompañarme un momento a la cocina? - preguntó Emi, con un tono de voz sospechoso, manteniendo esa ridícula sonrisa en su cara.
Yo miré a Maggie y me encogí de hombros.
-Claro.
Entramos en la cocina, y Emi cerró la puerta. Dejó de sonreir inmediatamente.
-¿Quién es esa?
-Vaya mirada le has echado, ¿eh? De arriba abajo, sin pudor alguno - dije, riendo -. Se llama Maggie, y la he conocido en la hamburguesería de...
-¿De arriba abajo? ¡Querrás decir de abajo abajo! ¡Es enana, tío! ¿Cuántos años tiene? - gritó.
-Calla, animal - era casi imposible que Maggie lo hubiera escuchado, pero su actitud me pareció igualmente una salvajada -. Trabaja de cocinera, y tiene veintidós años.
-¿Veintidós años? - Emi abrió mucho boca y ojos -. ¿Dónde?
Me crucé de brazos ante él.
-Eres un capullo.
-¿Pero si medirá un metro veinte, a lo sumo?
-Mide casi metro y medio. Es absolutamente normal - repliqué de mala gana.
-¡Es absolutamente normal! - chilló -. ¡Si no fuera porque he visto que lleva zapatos estaría convencido de que es un hobbit, tío!
Fue entonces cuando me enfadé de verdad.
-Vete a la mierda, gilipollas: me gusta esa tía, y te vas a tener que joder . Jamás había traído aquí a una chica, y así te pones cuando traigo una.
-¿Te la vas a tirar? ¿En tu cama?
Emi estaba, decididamente, poseso.
-¿Dónde coño quieres que me la tire si no? – “un momento”, pensé, “¿por qué estás diciendo eso, Víctor?” -. ¿Y quien ha dicho que me la vaya a tirar?
-Has dicho que te gusta.
-Y me gusta - dije, suavizando el tono de la voz -. Me gusta mucho, y me gustaría tomármelo en serio por una vez. Creo que puedo llegar a enamorarme. Necesito enamorarme, tú lo sabes.
-Ya. Y os casaréis y tendréis siete hijos a los que pondréis a trabajar en la mina - Emi se sentó en la mesa -. Tío, yo jamás he traído aquí a ninguna tía.
Eso era una gilipollez, y él lo sabía.
-Emi, en los cuatro años que llevas aquí, jamás has estado con una tía. Hay algo en ti que las repele, probablemente tu aspecto, tu olor y el hecho de que eres drogadicto.
-Sí, sí, pero aparte de eso creo que yo, como tu compañero de piso que soy, me merezco un poco de respeto, y eso implica el que no haya mujeres invadiendo mi espacio vital.
-Tu espacio vital es el Sillón Rojo, y nadie en su sano juicio se sentaría allí, porque huele aún peor que tú. Además, Gabriela está siempre pululando por aquí y nunca vi que te quejaras, al menos en serio.
Emi cogió una manzana y le empezó a sacar brillo con la camiseta, abstraído.
-Gabriela me gusta, es buena chica - ese tono de voz, serio y tranquilo, me era actualmente desconocido en él, y me gustó -. Esa niña no me molesta, es mejor que esté aquí y no en su casa, con la puta de su madre. No quiero que Gabriela se haga puta, prefiero que se haga cualquier otra cosa. Incluso que se haga tu esposa. Porque sabes de sobra que su madre es puta, por mucho que Gabriela diga que limpia oficinas - le dio un bocado a la manzana -. Bueno, es cierto, es algo relacionado con el polvo, pero no exactamente lo que la niña cree...
-Emi... - le recriminé yo, sofocando una sonrisa.
-Sí, a lo que iba - me miró con tristeza, por primera vez en mucho tiempo. Y ya había llovido bastante desde entonces -. Víctor, en serio ya. Me va a costar horrores decir esto, pero tengo que hacerlo. Verás - bajó entonces la mirada -, tú y Gabriela sois lo único que tengo. ¿Qué pasaría si Maggie y tú...?
Le puse la mano en el hombro y se lo apreté con fuerza.
-Emi, yo siempre estaré a tu lado. Eres casi un hermano para mi, el hermano drogadicto y necesitado de cariño y apoyo que, afortunadamente, nunca tuve. Y Gabriela es tambien como mi hermana. En cierto sentido, sois mi familia, mi familia aquí en Londres.
-Y supongo que a Maggie no la quieres como una hermana.
Sonreí, ¿qué otra cosa podía hacer?
-No, a ella la veo de otra forma.
Emi dio un nuevo bocado, llenándo al máximo la boca.
-Anda, vete al salón, que te está esperando, tan sola, tan desamparada y tan falta de cariño y apoyo...
-Vete a la mierda - dije, riendo. Abrí la puerta y recorrí los cuatro metros de pasillo que me separaban del salón. Maggie estaba sentada en el Sofá del Gato y, junto a ella, Gabriela, sobre la mesa y balanceando los pies.
-¿Y cuando pensáis casaros? - le oí preguntarle a Maggie. Corrí hasta donde estaban y me senté junto a Gabriela, abrazándola por la cintura, francamente asustado. ¿De qué diablos estaban hablando?
-Nena, ¿ya conoces a Maggie?
-¿A tu novia? Sí, ya la conozco - dijo, mientras se desasía de mí.
-Le he intentado explicar que no somos novios - empezó a decirme con tranquilidad Maggie -, pero no parece creerme.
-Ella dice la verdad. No somos novios. Prácticamente nos acabamos de conocer.
-Oye, que no me importa que seáis novios - replicó Gabriela, mirándome con ojos de fuego, llena de ira y celos por primera vez en su vida -. Y por cierto, ¿qué es esa caja que hay detrás del sofá? ¿Es parte de vuestra lista de boda?
La caja. Se me había olvidado por completo.
-Ah. La caja - miré a Maggie, luego a Gabriela y luego otra vez a Maggie. Me levanté de la mesa, fui tras el sofá y cogí la caja. Pensé, juro que lo pensé, que sería una buena manera de aliviar la tensión. La puse sobre la mesa y señalándola dije, mirando a Maggie.
-Y ésta es La Caja Que Nadie Debe Abrir Si No Quiere Perder El Juicio.
Las dos chicas se quedaron mirándome, como si yo fuera tonto. La verdad es que, por enésima vez, no había actuado lúcidamente. Como ya he dicho, por un momento había pensado que aquel conato de chiste podía calmar un poco los ánimos. Pero, por el contrario, para lo único que había servido era para hacerme parecer imbécil. Pasó un segundo, pasaron dos, pasaron tres. Aquello se hacía interminable...
-La Caja de Pandora, al lado de Nuestra Caja, es una chiquillada, creédme - dijo entonces Emi, apoyado en el quicio de la puerta con un trozo de manzana en la mano, rompiendo el silencio, echándome un cable que aquella noche supe recompensarle, transfigurado mi agradecimiento en unas pintas de buena cerveza turbia, la especialidad de Murphy´s -. Además, el nombre le viene que ni pintado, porque si lo dices en castellano y no en inglés cobra un nuevo significado altamente gracioso y adecuado - añadió.
Eso último sobró, Emi.

En su momento pensé que estaba, efectivamente, rematada. Pobre de mí, qué equivocado estaba. Ahora, al leer, me dan ganas de copiar y borrar, copiar y borrar, copiar y borrar... y así sucesivamente hasta dejar en blanco las ciento y pico páginas formato word.

Fue el principio del fin, pues su llegada coincidió con una época bastante extraña de mi vida. La más extraña. Llegó un martes por la mañana, con un par de maletas bastante voluminosas y un Chesterfield en los labios consumiéndose despreocupadamente. Abrí la puerta pensando que sería cualquier otro, pues era totalmente imposible que imaginara que era él.
-¡Víctor! ¿Qué hay de tu vida? - pero, pese a todo, lo preguntaba como si nos hubiéramos visto el día anterior, como un mero formulismo. Mi sorpresa fue mayúscula, tan grande que no pude reaccionar y, sin darme cuenta, lo vi acomodado en el Sofá del Gato.
-Fran... - acerté a decir tras dejar sobre la mesa el libro que estaba leyendo en aquel momento -. Yo te hacía en Guatemala.
Me miró como si yo hubiera dicho la más terrible de las blasfemias sacrílegas de la lengua primigenia.
-No, no. En Honduras, tú me harías en Honduras, en todo caso - apagó el cigarrillo en el cenicero más cercano, sin prisas -. Volví a España hace tres meses, pero he decidido venir a Londres, a probar suerte. Cómo tú. Y a cambiar de aires, tambien a cambiar de aires. Estaba harto de América, ¿sabes? Allí todo funciona al revés.
-¿Ah, sí? ¿Te has fijado por qué lado de la calzada conducen los ingleses? – pregunté yo -. ¿Y como miden las distancias, los volúmenes o la masa? ¿Has visto que moneda tienen, qué pelucas llevan sus diputados o el tamaño de sus periódicos?
Fran abrió los brazos y arrugó los morros, como dando a entender que no se refería exactamente a eso.
Emi entró en ese momento en el salón, con un rollo de papel higiénico en la mano. Vio a Fran y lo saludó con un movimiento de cabeza. Él le correspondió con un gesto idéntico.
-Tienes buen aspecto - dijo uno.
-Tú tambien - replicó el otro. Es irrelevante identificar a cada cual en esta microconversación, y creo que se entenderá el porqué. Se miraron un par de segundos y Emi asintió con la cabeza y se encogió de hombros. Hecho esto, se giró sobre si mismo y enfiló de nuevo el pasillo. En aquel momento pensé que sería maravilloso ser como ellos, vivir la vida con total despreocupación, sin dar más importancia de la que tiene al hecho de tomar o no drogas (después de todo, se pueden dejar de consumir en un plis-plas, habría dicho Emi) o a hacer un viaje de miles de kilómetros por el simple motivo de «cambiar de aires».
Pero yo no era como ellos, y quería saber cosas.
-¿No te ha ído bien allí?
-Me fue a la perfección, hasta que me empezó a gustar demasiado, más o menos al segundo año. Yo lo llamo "proceso de criollización" – “Ah, buena explicación. Fran, eres un libro abierto” -. Que no hay que confundirlo con el proceso de crionización - añadió, guiñándome un ojo.
Y rió con ganas la broma. Yo no le secundé, mayormente porque no le ví la gracia por ningún lado. Todo el mundo tendía a hacer bromas relacionadas con la ciencia-ficción cuando estaban cerca mía, como si me estuvieran haciendo un favor.
-Entonces - intenté reconducir la charla -, te fuiste de allí porque te empezó a gustar demasiado…
-Si. Me enamoré de una chica y me di cuenta de que si no ponía pies en polvorosa pasaría en Honduras el resto de mis días.
-Y eso te dio miedo.
-Pánico. Lo que me dio fue pánico. Y podía preñarla en cualquier momento, por añadidura.
-Ya.
Le ofrecí un café. Él aceptó, claro. En la cocina, mientras lo preparaba, puse la radio, y escuché un fragmento de una canción de moda cualquiera. Ahora no podría acordarme de cual. Apagué inmediatamente el aparato y, acto seguido, tocaron al timbre. Era Gabriela.

* * *

-¿Y tu móvil? - le pregunté.
-Tiene la batería descargada. Está abajo, enchufado. ¿Qué haces? - dijo, mientras entrábamos en la cocina. Ella se sentó, según su costumbre, sobre la mesa. Fran, atraído por el olor de carne fresca (estoy utilizando su vocabulario, claro está), apareció de repente proveniente del cuarto de baño y exhibiendo la mejor de sus sonrisas, que asomaba bajo su bien cuidado bigote a lo Errol Flynt.
Llegados a este punto convendría mencionar que el sentido de la vida de Fran, confesado en cierta noche de borrachera muchos años atrás, eran las mujeres. No tanto llevárselas a la cama como seducirlas. El flirteo era, así, la mayor de sus aficiones, y sentía especial predilección por las jovencitas, sobre todo por las que él consideraba, a priori, vírgenes. Era una especie de obsesión la suya a este respecto.
-Hola.
Es difícil, sobre el papel, y sin utilizar docenas de acotaciones, hacer notar la enorme cantidad de significados y matices que condensó este saludo, pero diré que el tono libidinoso, la mirada sugerente y la sonrisa (¡sobre todo la sonrisa!) fueron lo suficientemente explícitos como para que Gabriela, poco acostumbrada a estas cosas, se sobresaltara y me mirara pidiendo ayuda.
-¿Y éste de dónde sale? ¿Otro español más? ¿No sois ya suficientes?
Le sonreí, encogiéndome de hombros.
-Somos un pueblo de emigrantes. Siempre lo hemos sido y siempre lo seremos, nena.
-Yo soy Fran, uno de los mejores amigos de Víctor - Fran, a lo suyo, poniéndose entre ella y yo, depositando cuidadosamente la mano sobre su hombro, como quien no quiere la cosa (pese a ser un movimiento ampliamente ensayado) -. ¿Y tú quién eres, preciosa?
Gabriela se agachó unos centímetros y le hizo un quiebro increible, colocándose a mi lado. Fran, aficionado entusiasta de todo tipo de deportes, supo apreciarlo.
-¡Vaya juego de cintura! - exclamó.
Pero eso tambien iba con segundas, o así me pareció a mí. A lo peor el que es un pervertido soy yo y no él, pienso ahora. Pero creí que iba con segundas, lo juro. Aunque ahora tengo dudas, claro. La distancia es el olvido y... bueno, eso.
Aparte de las evidentes faltas de ortografía, las reiteraciones innecesarias, las redundancias, los fallos al emplear los tiempos verbales, el guión estúpido e intrascendente y los personajes poco desarrollados, he de decir que aún sonrío al leer este engendro. Me hace gracia que el prota se llame Víctor, que mis amigos estén retratados como auténticos animales o que la Gabriela que yo imaginé no se parezca en nada a la Gabriella que conozco.

En fin, busco negro para reescribirla. A saber, una pequeña sinopsis telegráfica: grupo de españoles que viven en Londres. Stop. Varios deciden hacer algo (que no se sabrá durante bastante tiempo, y cuyo secreto reside en la caja del primer fragmento). Stop. Uno muere y empiezan a pasar cosas raras. Stop. Hay varias historias de amor, una escena de sexo explícito y muchos personajes secundarios raros, incluyendo una vieja come galletas y un barman nacido en Pitcairn. Stop.

Y es ciencia ficción, lo juro.

En fin, esa es la primera novela.



Coño, y hasta le hice una portada (a mí me resulta resultona, valga la redundancia). Antes de autoeditarme "Pasajeros de la habitación azul" pensé en editar "El apocalipsis pendular" (porque ese es su nombre y no otro, pese a que el "Working title" fue "Nota evasiva interior"). Después de todo, estaba ahí, y necesitábamos tener un libro de muestra para clientes de Hipocampo (por eso me autoedité, de mi bolsillo y no del de la editorial, por cierto, para poder regalar libros que no nos costaran a nosotros el dinero). Pero deseché la idea: quiero retomar la idea central del libro y reescribirlo. Con dos cojones.

Las otras tres novelas son poco más que proyectos:

1. Una novela de fantasía épica que escribo a medias con Charlotte (¡toma dato!) y que también habrá que reescribir (aunque dejaremos las escenas de tortura, sadomasoquismo palaciego y esas cosas) basada en los dos mundos alternativos que ambos teníamos en la cabeza (en su caso, "Santuario" y su mundo de gomorritas; en el mío, "Nizhni", del que ya habréis leído algo en "Wayc", relato publicado en la I Antología del Melocotón Mecánico, allá por el lejano 2000, aunque éste era un relato de ciencia ficción pura y dura).

2. Una historia bélica ambientada en un futuro inmediato, cuyo nombre me reservo porque tengo grandes esperanzas en ella.

3. Una novela tipo Houellebecq, o sea, con prota postmoderno y caótico. En mi anterior blog, Pentecostés, ya colgué algunos fragmentos bastante lúbricos.

Y ya no aburro más. Si habéis llegado hasta aquí es que sois unos santos. Peeeero, que sepáis que he desnudado un poco más mi corazoncito.

Sólo para vosotros.

(Y para millones de internautas que pueden caer por aquí de forma casual en los próximos ocho años, que es cuando estimo que Blogger petará).

Buenas noches.

18 comentarios:

Juan Antonio Fdez Madrigal dijo...

Pues deberías ponerte al lío y terminar todas esas novelas (y cuando digo todas, digo todas), necesiten las reescrituras que necesiten. Porque tienes algo (importante) como escritor, y sería tontería (para ti mismo) desaprovecharlo.

Si a eso le añadimos la colaboración de Gabriella, para qué seguir argumentándote: es una obviedad que tenéis que seguir escribiendo.

Esperando los resultados quedo.

Juan Antonio Fdez Madrigal dijo...

P.D.: A la oferta de negro no te digo ná porque sería una lástima que ningún negro os estropeara el resultado.

Santiago Eximeno dijo...

He tenido que parar dos veces para respirar, pero ha merecido la pena.
En fin, ¿qué puedo decir? ¡Termina esas obras maestras!
Y luego, cuando acabes, hacemos una novela a pachas.
Sobre lo de hacer de negro... Si puedo hacer que siete pingüinos gigantes despedazen a picotazos al protagonista a mitad del libro, soy tu hombre.

Víctor Miguel Gallardo dijo...

Mmm... pues la verdad es que no estaría del todo mal. Pingüinos, dices... A picotazos...

No sé, me acusarían de hacer publicidad de Linux. Nada de pingüinos. Marmotas, prefiero marmotas.

Bueno, sí que voy a ponerme al lío, y gracias a los dos por vuestras palabras. La verdad es que siempre me he sentido, con los relatos, bastante fuera de lugar. A mí me gustan las cosas grandes, para desvariar a gusto. :P

Pily B. dijo...

¡Madre, se me han quedado los ojos pegaos a la pantalla! Aun así, y como dicen por ahí arriba, ha merecido la pena.

Y ahora, ponte a ello, qué negro ni qué niño muerto... XDDDDD

PD: La caña, la caña...

Francesita dijo...

Pos que quieres que te diga, tu ya sabes lo que pienso sobre lo que escribes y que estoy deseando leer más... Por qué crees que siempre te pido que me dediques los libros? Es que eso un día valdrá dinero... :D Como dicen por ahí arriba, enga y al lío!

(Al lío me tendré que poner yo también :P)

Fran Ontanaya dijo...

El nombre del que Víctor no quiere acordarse es Vic. Yo también recibí la oferta; y cuando llevas un tiempo sin cobrar por escribir, no creas que no se siente cierta tentación mefistofélica.

Alfredo Álamo dijo...

Joer, pues a mi no me llegan ofertas de esas, cachis la mar. Y la hipoteca por pagar.
En fin, pilarin. Este momento de conexión se perderá, como lágrimas en la lluvia. Que raro es esto del wifi itinerante.
Y Victor, si esta noche puedo conectarme... capítulos nuevos... hahahahahahhaahahaaa

Víctor Miguel Gallardo dijo...

:) Hablando de negros, Alfredo, hablando de negros. ¡Venga, date bulla, que nos espera la fama, el dinero, el placer de mujeres de aviesas intenciones que...!

No, espera, que me pierdo, que me pierdo...

Víctor Miguel Gallardo dijo...

Y sí, era Vic, como bien dice Fran. Y quién sabe si habría respondido afirmativamente, pero pedían "a alguien residente en Vic". O sea, que yo no.

negrata1 dijo...

Yo no soy de Vic, pero mi boli sí. ¿Vale? ;-D

Violante dijo...

A mí también me llegó (y me acordé de Marco, jejeje).
Víctor, tiene muy pinta, espero poder leerlo muy pronto :)

Felideus dijo...

A mí me pasa igual, tengo un par de novelas que necesitan una re escritura o dos, pero soy incapaz de sacarlas del cajón, sólo tengo ojos para los nuevos proyectos... pero tú deberías terminarlas: porque sí, porque los extractos que has subido están muy bien, porque yo lo digo, y porque es muy fácil dar consejos a los demás que uno mismo es incapaz de seguir :P

AMS dijo...

Ehhhh, si buscan un negro y pagan bien yo me ofrezco de mercenario.
Que tengo dos churumbeles que casi van a la Universidad y eso cuesta un huevo

Víctor Miguel Gallardo dijo...

Felideus: ¡los consejos hay que seguirlos a rajatabla!

Por tanto, me pongo al lío. A reescribir, a reescribir. La verdad es que me habéis levantado el ánimo, qué coño.

Violante: Qué duda cabe que tú tendrás una de las primeras copias. Faltaría más.

AMS: Hum, acabo de perder una apuesta. Hoy mismo había apostado a que tenías un sólo churumbel. Si resulta que tienes dos, vaya, pierdo unas cuantas cervezas. Mierda. :(

Juanma dijo...

Escribir con negros no sale a cuenta. Yo lo hice en una edición del Rido: estaba hasta arriba con las oposiciones, le comenté la idea a un contertulio de la TerMa cuyo nombre no puedo revelar porque tiene su fama y ha ganado premios y publicado libros, con todo lujo de detalles (qué coño, *aquello* era el cuento), lo escribió según mis instrucciones y, lógicamente, ni pasó la criba. Y, lógicamente también, el resultado no nos gustó a ninguno de los dos. Ni guardo copia, ni creo que la tenga él.
Lo mejor del cuento era el título: "ONGs de Yuggoth".
Conclusión: si estás vago para escribir algo por ti solo, no recurras a negros: escríbelo en colaboración o véndele la idea a otro escritor. :)

ams dijo...

El fandom degenera a marchas forzads. ¡Un presidente apostando si uno de sus vocales tiene uno o dos hijos! Endi luego que...
Porteras, cotillas. Y encima yo, que osy el interesado, no gano na, ni cervecitas ni nada.
Pues os vais a quedaar sin soberao, que lo sepais.

Anónimo dijo...

Eso eso, tu ponte, que todos tenemos ganas de leerte. Terminé Pasajero de la habitación azul, de hecho y me ha gustado mucho, me extendería más pero un comentario no es el lugar apropiado. Pero que sepas que me los leí todos de una sentada y me encantaron.

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