lunes, octubre 30, 2006

Gato negro, gato blanco

Oh, qué gran película, qué guión descomunal, qué de risas, y qué de lágrimas. En fin, que no he visto "Gato negro, gato blanco", no sé si se me nota (sí que he visto otras cosas de Kusturica, y tampoco me entusiasmaron; por lo general el "folk" me la repanfinfla).

A lo que iba. Tres personas tres (los de siempre últimamente, o sea, Francisco Fernández, Charlotte y yo). Un poco de sushi, un poco de pollo en teriyaki, un poco de pulpo... y luego un kebab y una cerveza mientras veíamos "La novia de Frankestein" y oíamos "Hora Zulú". Una noche de domingo cualquiera, vaya. Encima, una camarera monísima me ha hecho un poco de caso, así que yo iba muy contento para casa.

Llegamos a casa. Pente, nuestro gato blanco, nos maullaba desesperado desde el balcón (craso error mío: le di de cenar a las siete y media pensando que eran las ocho y media... odio los cambios de hora). De repente, yo con las llaves en ristre, Charlotte (supongo que a estas alturas ya sabréis la mayoría que vivimos juntos y tal) empieza a decir algo así como "qué mono, qué mono". Yo sonrío. Vaya, soy mono. Pienso luego, tampoco acertadamente: no, coño, será por nuestro gato. La miro y lo veo: otro gato, totalmente negro y bastante pequeñajo, encaramado a la valla de nuestra casa. Lo cojo en brazos (yo soy así de espontáneo) y el bicho empieza a ronronear en plan bestia. Es demasiado pequeño, observo, para tener el celo. Tiene el pelo muy lustroso, totalmente negro a excepción de unos cuantos pelitos blancos en la nuca.

Y el pobre parece que tiene hambre. Mucha hambre.

Pues nada, que somos así de gilipuertas y nos lo subimos al piso. Encerramos a Pente(costés) (el gato blanco) y nos hacemos con un plato para darle un poco de comida. El gato (negro) come con muchas ganas. Al rato dejamos salir al blanco y... para qué. Un histérico, vamos, bufando como un descosido, inflando el rabo como si fuera un lemur rabioso. El gato negro se encarama a nuestros brazos, ronroneando de miedo. Lo bautizamos como Lestat. Luego, mirándole bien los bajos fondos, decidimos cambiarle el nombre por Masabakes. Acabo devolviéndolo a la calle.

El miércoles llegan Bernardo Fernández y su chica a casa. El viernes nos vamos de HispaCon. Charlotte tiene que entregar una traducción mañana mismo. Yo tengo que terminar una maqueta para pasado. No hay tiempo, y gran parte de la próxima semana la vamos a pasar fuera de casa. De haber sido posible, la pequeña y negra Masabakes se habría quedado en casa: ya habríamos hecho que Pente y ella congeniaran (con mucha paciencia, eso sí: por muy castrado que esté nuestro queridísimo gato, su casa es su casa y cualquier otro ente gatuno no es bienvenido, y menos cuando se papea ante sus narices su pienso).

En fin, que esa es la historia de este domingo-noche: charlas hispaconeriles, comida oriental, camareras monas y gatos negros y blancos.

Mañana será otro día. Y espero ver a Masabakes*, claro.

PD: Ni Lestat ni Masabakes son nombres elegidos por mí. Yo siempre he querido tener un gato negro que se llamara Choco. Sí, coño, Choco, ¿qué pasa? Soy un gafapasta venido a menos: prefiero a Donner y a McTiernan antes que a Kusturica y Allen, y quiero tener mascotas con nombres estúpidos, y me gustan los kebabs grasientos casi tanto como los cuscuses vegetales, y me ponen las camareras de tetas pequeñas y narices grandes, y me enfado cuando pierden el Betis, el Granada y Cebé... (que por cierto que este fin de semana ha habido pleno y los tres han cascado, los joíos). Obviamente nadie es perfecto, y yo menos, que para eso he sido siempre un gato negro inadaptado en un país de gatos blancos que me bufaban.

8 comentarios:

Violante dijo...

Muy ocupados os leo... :P
Por cierto, que yo llego el jueves por la noche, ¿hay sitio?. Aunque sea un sofá, vaya.
Besitos.

marco antonio raya. dijo...

di la verdad. lo de choco es por el batracio amarillo. la mejor portada de la historia. :P

Víctor Miguel Gallardo dijo...

Violante: lo tenemos todo calculado, no te preocupes: tenemos tres camas. :) Una es king size (sin exagerar: hemos tenido que comprar nueva ropa de cama

Víctor Miguel Gallardo dijo...

Violante: lo tenemos todo calculado, no te preocupes: tenemos tres camas. :) Una es king size (sin exagerar: hemos tenido que comprar nueva ropa de cama y todo), otra normal y otra más pequeñaja. Y dos sofás comodísimos... (En uno de ellos a mí me encanta dormir). O sea, que no problem. ;)

Marco: o_O No me lo puedo creer. Sí. Joder, sí, sí.

Charlotte dijo...

Halaaaa... que no era Lestat, que era Astarot. Yo me la quedaba si tuviera dinero para operarla llegado el momento, pero me temo que lo que sí no podemos tener es una manada de cachorros de manera periódica, que anda que no hay gatos por esta zona...

Lo gracioso fue cuando se fue y luego la vimos por la calle. Y luego apareció otro gato negro y dijimos "ah, no, es ésa". Y luego apareció otro gato negro y ya nos dijimos que así es el pueblo, que hay más gatos que personas.

Jo, qué guapa y que cariñosa, snif.

Juan Antonio Fdez Madrigal dijo...

En particular más gatos negros que personas :-) Eso es porque no tenéis ningún restaurante chino por la zona, ¿verdad? En nuestro barrio hay varios y oye, ni un gato se ve.

Víctor Miguel Gallardo dijo...

Lestat, Astarot... Bah, bah. :P

Y no, no hay ningún restaurante chino en el pueblo. Lo hubo, lo hubo, pero cerró hace unos cuantos años. Y luego allí montaron uno de los mejores bares de la historia, que también cerró luego. Es un local gafe. :)

Anónimo dijo...

Pues te pierdes un chute de optimismo directamente en vena con esa peli.

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