miércoles, marzo 14, 2007

Mi Olivetti

¿Es que soy tan viejo?

Carajo, no. Pero lo primero que escribí lo hice a mano (lo cual, parece mentira, ya es casi de neanderthales). Lo segundo fue en una Olivetti Lettera. No recuerdo el modelo, aunque aún está en casa de mis padres dentro de su maletín y su funda. Y en perfecto estado, por cierto (¿alguien puja?).

Todavía recuerdo el día en que la compraron. Yo debía tener unos ocho o nueve años, y mi padre se hizo con ella a petición de mi madre, que por entonces todavía escribía algo (es uno de los secretos a voces de la que me parió: aparte de haber sido monja durante un lustro también hizo sus pinitos en la escritura, habiendo publicado varios artículos en el Ideal de Granada y otras publicaciones locales en la década de los 70, aunque yo no lo supe hasta hace relativamente poco tiempo).

Recuerdo, y es lo más curioso porque han pasado como un millón de años (a mí me lo parece), ese día. Recuerdo la reverencia con que mi madre colocó sobre la mesa del salón-comedor la bendita Olivetti Lettera, recuerdo como comprobó que la cinta de la tinta estaba en su sitio, y recuerdo como introdujo un folio en blanco para empezar a escribir.

También recuerdo, vaya putada, lo que me dijeron en aquel entonces: algo como "podrás utilizarla cuando aprendas a escribir a máquina". Las consecuencias fueron desastrosas y, a la vez, de un gran provecho: un par de veranos después insistí en dar clases de mecanografía, cosa que hice (hay un diploma de la Academia "El Futuro" que lo atestigua), aunque siempre fue humillante que mi hermana, que era del tamaño de un hobbit, se sacara el título de Mecanografía con muchas más pulsaciones por minuto que yo. En fin, cosas que pasan.

Pude, por fin, utilizar la máquina (y no a escondidas, que por supuesto ya la había "catado" casi desde el principio cuando mis padres no estaban en casa). Y fue en ella en donde parí mis primeras letras más o menos conseguidas. Al principio poca cosa. Más tarde, a eso de los doce o trece años, incluso un atisbo de novela, titulada "¡Victoria!", que me ha perseguido en todo este tiempo. "¡Victoria!" habla del fin del mundo, de un planeta que se termina (el nuestro) y de la peregrinación en una nave de un grupo de gente que, finalmente, encuentra un planeta en el que poder iniciar de nuevo la vida de la raza humana. Me siento un pelín (¡o mucho!) orgulloso porque todo eso surgió con trece o catorce años, y son nada más y nada menos que casi cincuenta folios de extrañas vicisitudes de los colonos. Lo cual tiene su mérito teniendo en cuenta que, hasta ese momento, yo no había leído absolutamente nada de ciencia-ficción (mis lecturas, muchas, se limitaban a libros infantiles-juveniles, o a Los Cinco de Blyton, o a algunas novelas menores de Verne). Siempre me sentí muy ligado a aquella Olivetti y a "¡Victoria!", y todavía hoy sigo estándolo. No es casual: el "universo" que creé en esta fallida novela fue reconvertido en años posteriores en otro que bien podría llamarse "¡Novak!", y que algún día cristalizará, pues tras ponerlo en contacto con la particular mitología creada por Charlotte (¿"¡Santuario!"?) ha formado lo que hoy en día considero es la gran obra de mi vida: la creación de un mundo propio en el que desarrollar las historias que se me ocurren.

[Comprendería que a estas alturas estéis carcajeandoos o, simplemente, durmiendo como bellotas]

"¡Victoria!" es una novela de encuentros: un grupo de "elegidos" es trasladado a una nave que debe colonizar un planeta lejano. Apenas si tuve tiempo (e imaginación) para esbozar un poco de qué iba toda esta historia, pero el protagonista, que en justicia debía llamarse Slobodan Hilezkor (mi alter ego) estaba en contacto con algunos personajes que me han acompañado todos estos años: Miriam y Karl Hesse, por ejemplo, los dos más importantes, y que sólo aparecen (al menos ella) en el segundo relato que publiqué ("Wayc", en la II Antología del Melocotón Mecánico, del Grupo AJEC). Sin embargo, "¡Victoria!" nunca verá la luz (¡es la creación de un niño!), y de "Wayc" ("Work always you can", es la primera vez y última vez que reconozco en público lo que significa ese nombre, un chiste privado con Dele, un amigo de Almuñécar que compartía conmigo el interés infinito en el género femenino) es mejor no hablar porque no me siento identificado con este texto (aunque incluso hoy me parece meritorio para haber sido escrito por un chaval de diecinueve años).

A lo que iba: Charlotte y yo hemos creado un universo propio a partir de todas las salvajadas que se nos ocurrían en la adolescencia, juntando Novak con Santuario y un poco de aquí con un poco de allí. El resultado, al menos a nivel teórico, es magnífico: tenemos la historia, tenemos el contexto, sólo falta terminar de escribirlo. Y para mi gusto merece mucho la pena. Es una bestialidad épica de proporciones inimaginables. Y es ci-fi y fantasía épica a una vez.

Algún día, sí, algún día. A lo mejor mi vieja Olivetti podría ayudarme... pero el caso es que ya no sé donde comprar cintas de tinta para ella. Han desaparecido, directamente.

Y odio escribir en el ordenador. Aunque siempre será mejor que hacerlo a mano (eso sólo lo hago actualmente con la poesía, qué cosas).

12 comentarios:

Charlotte dijo...

Será porque ambos compartimos un interés infinito por... ¡las gomorritas!

Charlotte dijo...

Por cierto, cambia tu enlace al blog de Francesita que ahora mismo lleva a una página porno.

Víctor Miguel Gallardo dijo...

o_O ¿La diferencia?

:P

Ya, tengo que cambiar no uno, sino muchos enlaces. Muchos.

Alfredo Álamo dijo...

Eh, yo también empecé a escribir cuentos con una olivetti lettera que ahora está abandonada en casa de mis padres. Qué cosas.

Violante dijo...

El mío está bien, sorprendentemente (en tu blog no querida Charlotte.)
Yo nunca aprendí a escribir a máquina, aunque tengo una, pero paso de gastar tinta cada vez que me equivoque jejeje.
Por cierto Slobodan Hilezkor (le hablo al alter ego, conste), quiero un artículo visceral, sincero, bestia (de los que me gustan, vaya) sobre lo que está pasando en España. Por favor. Ruego diliático.

Charlotte dijo...

Ya, antes esa dirección era válida ya se supone que es un subdirectorio de blogia.com, me pregunto por qué ahora no. Bueno, lo cambiaré enseguida.

Francesita dijo...

Y no sólo de porno sino que de porno gay... qué cosas...

No sé por qué siempre nos sentimos íntimamente ligados a nuestras primeras novelas. He de decir que mi primera novela (y única, ambiciones de adolescencia) tenía 450 páginas más o menos y era absolutamente horrenda. Y además ya no existe dados los formateos varios de mis varios ordenadores.

Hay que admitir que escribir a ordenador no tiene el mismo encanto que a máquina pero... 1-las teclas son mucho más fáciles de pulsar sin romperse las uñas y, vease, las falanges. 2-Copia permanente del texto, siempre y cuando tengas la brillante idea de copiarlo en un cd...

Charlotte dijo...

No te confíes, Francesita, que en cualquier momento sustituirán el cd por otra forma más fashion de copiar data y ya no tendrás forma de recuperar tu novela, buahaha.

Doris Day dijo...

qwert poiuy qwert poiuy qwert poiuy :D

Yo aprendí a escribir a máquina con un método que mi madre, a su vez, había usado para aprender ella. No tengo mucha velocidad, y no puedo un cierto porcentaje de errores... pero a pesar de ello me dio mucho orgullito aprender por mí misma.

Casualidades de la vida, años después me vino muy bien profesionalmente hablando ;)

Pily B. dijo...

Guauuuuuuuuuuuu!! Qué historia tan entrañable. Ale, pues nada, a ver qué sale de esa fusión, seguro que es flipaaaaaante. ;-)

SUERTE, campeones!!

José Angel Muriel dijo...

¿De verdad odias escribir en el ordenador? Para mí es una bendición.

Yo también empecé escribiendo a mano, luego con la máquina de escribir (como tú, asistí a un curso de mecanografía, lo que siempre agradeceré a mis padres) y finalmente con el ordenador. Me presenté a los primeros concursos con relatos escritos en formato wri de Windows 3.1, cuando era imposible justificar el texto y dejarlo bonito (aún no conocía las habilidades de WordPerfect y Word).

Hoy, Word y yo nos hemos hecho casi amigos y me resulta imposible no tenerle en cuenta cuando escribo. Aunque me haga tantas faenas...

Anónimo dijo...

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