miércoles, junio 06, 2007

Fin de la tregua

Los conflictos bélicos, de un tiempo a esta parte, han sido mi mayor inspiración, al principio sólo en mi poesía, últimamente (como si no lo supiérais) también en mi prosa. Y a la guerra la acompaña la muerte. Podría haber seguido escribiendo sobre amor, como hice hasta hace un lustro, pero en vez de eso ahora escribo sobre el amor en la muerte y el amor en la guerra, recuerdos de cuando era realmente prolífico (nada me hizo escribir más que el desamor, ese desamor que sólo sientes con quince o con veinte años; y la adolescencia, me temo, es una etapa irracional, conflictiva y violenta, como las guerras y como la muerte).

Ya paro.

He aquí un poema escrito mucho después. Por supuesto habla de la guerra. También del sinsentido de la política, que más que buscar soluciones, busca parches a los conflictos, remedos que no se creen sino los más ingenuos.

PAPÁ

La paz es una utopía
digna de sacrificio
en un ara de cemento
regada con gasoil,
alimentada con caucho.

Pero es una palabra bonita
en los labios de papá.

Que nos protegerá
armándonos. Cavará
las trincheras
ahorrando el trabajo.
Perseguirá por nosotros
al monstruo que acecha
a las hermanas indefensas
a las madres indefensas
al niño
que vive feliz masticando
la arena del patio de recreo.

Mi padre es tan comprensivo...

Tan misericordioso
como una vela flotando en el Motoyasu
un seis de agosto.


(Poesía por venir: antología de jóvenes poetas andaluces, Editorial Renacimiento, Sevilla, 2004)

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