martes, julio 31, 2007

Entrevista a Rochus Misch, guardaespaldas de Adolf Hitler

Rochus Misch integró durante cinco años el círculo más estrecho de Adolf Hitler. Estuvo en su cuartel general, en su refugio de Baviera y lo acompañó en su búnker de Berlín. Aún hoy lo recuerda con un afecto que pone los pelos de punta y lo sigue llamando `el jefe´. Es un testigo más que cuestionable, pero también único, del mundo de Hitler y de la agonía del Tercer Reich.


En una de las escenas finales de El hundimiento, la película de Oliver Hirschbiegel sobre los últimos días del Tercer Reich, en Berlín, de pronto, dejan de oírse las descargas de las baterías rusas. El búnker del Führer está casi desierto. Hitler se ha suicidado. Casi todo su Estado Mayor ha intentado huir del Ejército Rojo, que está a sólo dos manzanas. Cuando Joseph Goebbels y su esposa, Magda, salen al ruinoso patio de la cancillería, un joven soldado los observa dubitativo, como si esperase una orden. Ese hombre ha estado cinco años a las órdenes de Hitler: ha sido escolta, mensajero, ordenanza y, al final, telefonista del búnker. Pero ahora los teléfonos también han dejado de sonar y el hombre no sabe qué hacer. Goebbels se vuelve hacia él y dice: «Váyase, ya no lo necesito. La suerte está echada».

Ese joven soldado es Rochus Misch. Este año cumple 88 años, pero aún se mantiene en buena forma. De joven, este robusto silesio debió de ser un recluta perfecto. Primero en las SS y luego, tras ser herido en la campaña de Polonia de 1939, como escolta de Hitler.

Hoy tiene la apariencia de un soldado retirado. Pero a diferencia de Traudl Junge, la secretaria de Hitler, que abre y cierra El hundimiento con sus palabras de arrepentimiento, Misch muestra una indiferencia sobre su pasado al lado del Führer que resulta exasperante. Incluso llega a recordarlo con irritante añoranza.

Su testimonio carece de la agudeza psicológica y política que hace tan apasionantes los recuerdos del Tercer Reich de Albert Speer, pero el valor de Misch es que es uno de los pocos cercanos a Hitler que sigue vivo. Los Goebbels se suicidaron. Martin Bormann, la mano derecha del Führer, murió al intentar huir del cerco soviético. Y Traudl Junge falleció hace cuatro años aún atormentada por su pasado. Sólo queda un testigo de aquella época, Rochus Misch, tras la muerte de los dos últimos supervivientes, el barón Bernd Freytag von Loringhoven, ayuda de campo del último jefe del Estado Mayor alemán, y la enfermera Erna Flegel. Y Misch, además, es el único que formaba parte del círculo íntimo de Adolf Hitler.

Rumbo a la casa de Misch, en el sur de Berlín, Efrem, mi traductor –un alemán de origen eritreo–, me dice: «No sé cómo va a reaccionar este hombre cuando vea a un negro. Quizá siga creyendo en la superioridad aria». Yo, que soy ruso con raíces alemanas, tampoco lo sé muy bien.

Misch vive en una casa sencilla de dos plantas ubicada en una calle tranquila y arbolada. Es la misma a la que se mudó con su esposa, Gerda, en 1942. Y es la misma en la que el servidor del Führer recibió de éste una caja de champán de la cosecha del 27 como regalo de boda.

Con la voz algo cascada, Misch nos cuenta cómo, por recomendación de su antiguo jefe de división y tras ser herido en 1939, acabó trabajando a las órdenes de Hitler. Recuerda vivamente su primer encuentro con él: «Estaba en la cancillería del Reich y el ayuda de campo que se encontraba de guardia nos explicaba las normas. En eso abrió la puerta y allí estaba Hitler. Me quedé mudo. Sentí escalofríos. Para nosotros era una figura mítica. Hitler le preguntó al oficial de dónde era yo. Cuando el ayuda de campo le dijo que era de Silesia, Hitler preguntó: ‘¿Tenemos a alguien más de Silesia?’. Muy bien, pues te vamos a poner a prueba ahora mismo. Toma esta carta y entrégasela en Viena a mi hermana’». Rochus Misch se embarcó en un tren y ése fue el principio de sus cinco años de servicio.

Misch asegura que no era un nazi comprometido y que nunca fue miembro del partido. Sin embargo, parece incapaz de conciliar lo que sabe hoy del Tercer Reich con los cálidos recuerdos que guarda de Hitler. Cuando le pregunto qué piensa ahora de la época nazi, repite que nunca supo nada del holocausto ni de otros crímenes nazis y que él no cometió ninguno. Este extremo es cierto: el Centro Simon Wiesenthal de Viena juzgó innecesario investigar su expediente. Por fin, Misch admite: «No puedo relacionar los recuerdos del jefe estupendo que conocí con el monstruo que pintaron después de la guerra. Son dos imágenes que mantengo separadas». Y añade: «Desde luego que es atroz, una auténtica catástrofe. Me refiero a tantas muertes. A mí también me hicieron prisionero, fui torturado [por los rusos en 1945], y puedo imaginarme lo que sufrió esa gente».

Además, aún parece deslumbrado por la figura de Hitler y también por todos los personajes a los que tuvo oportunidad de conocer. «Yo era un hombre sencillo, por eso me emocionaba estar en ocasiones tan cerca de gente famosa: Mussolini, Leni Riefenstahl, Antonescu [el dictador rumano], Molotov…» Mussolini, recuerda, era una persona «expansiva»; Molotov, por su parte, un hombre «tranquilo y sereno».

La mayoría de sus recuerdos no son más que simples comentarios personales de importantes hechos históricos. Para Misch, el 22 de junio de 1941, el día de la invasión de la URSS, fue «un día como cualquier otro, nada especial». El 20 de julio de 1944, cuando el conde Klaus von Stauffenberg trató de matar a Hitler con una bomba en su cuartel general de Prusia oriental, Misch estaba en un tren rumbo a Berlín, donde tenía que entregar unos documentos. Le pregunto por qué, pese a su cercanía a Hitler, nunca consiguió un ascenso: «Nunca lo quise… El rango era lo de menos cuando se estaba tan cerca de Hitler. Te convertías en un miembro de la familia, y punto». Y cuando le pregunto si conserva fotos de aquellos días, Misch saca enseguida una carpeta, que me muestra encantado.

«En ésta están Speer, el arquitecto de Hitler; Eva, su esposa; el embajador Hewel, del Ministerio de Exteriores; Frau Christian, la secretaria… Y en ésta, Eva Braun con su hermana Margrete.» Hay, además, fotos de Misch en el avión de Hitler o delante del vagón restaurante del tren del Führer. Ver las fotos y oír a Misch es como asomarse a las portillas de un barco hundido. En otra foto aparecen el Führer y Eva Braun mirando unos conejos. Misch dice que su relación era muy discreta: «Ella venía a Berchtesgaden, pero en Berlín no vivía con Hitler. Sólo al final su relación se hizo pública». En efecto, el 29 de abril de 1945 Misch vio que un nervioso funcionario del registro civil entraba en el búnker para celebrar el matrimonio de Hitler y Braun.

Cuando le pregunto por El hundimiento, Misch dice entre risas que es una opereta muy americana. «¿Falsea los hechos?», le inquiero. «No, en líneas generales describe bien lo que pasó, pero los actores no paran de gritar. En el búnker se hablaba en susurros. Yo estaba en la centralita y a veces elevaba la voz a propósito, para romper ese silencio mortífero.»

El 22 de abril de 1945, tras el asalto final de las tropas soviéticas a la capital alemana, Hitler no ocultó sus sentimientos a sus subordinados. «Nos dijo que la guerra había terminado y que todo el que quisiera marcharse era libre de hacerlo.» La mayoría se fue. Misch, que se debatía entre el miedo que se había apoderado de él y su sentido del deber, permaneció allí. Incluso aunque todo estaba dispuesto para que él y su esposa fueran evacuados por aire. «Hitler fue muy serio y educado hasta el final –recuerda–. Siguió celebrando reuniones diarias, a las que cada vez acudían menos colaboradores. Hasta los últimos días confió en que las potencias occidentales se enfrentarían a los soviéticos, lo que permitiría resistir un poco más a los alemanes.»

Si algo le reprocha Misch a Hitler es que en ningún momento le diera la oportunidad de despedirse. El 30 de abril de 1945 hubo una reunión a la que asistieron Goebbels, Bormann, Heinz Linge –un ordenanza– y Otto Günsche –un asesor–. «El jefe le dijo a Linge: `No quiero morir como Mussolini [cuyo cadáver fue expuesto por los partisanos italianos en una plaza de Milán]. ¡Quemadme!´.» Tras la reunión, Hitler se encerró en su habitación. «El tiempo se detuvo en el búnker –rememora Misch–. Pasaron una o dos horas. Entonces alguien dijo: `Creo que he oído un disparo´. Linge se acercó y me apartó. No recuerdo quién abrió la puerta. Nos asomamos y vimos al Führer a tres o cuatro metros. Tenía la cabeza sobre la mesa; Eva Braun estaba a su lado, en el sofá. No había mucha sangre.»

Misch subió a toda prisa al piso superior con la intención de preparar un informe para su oficial al mando, Schedle, pero decidió volver sobre sus pasos. «Entré en la habitación en el preciso instante en que el chófer del Führer, Erich Kempka, y el comandante de las juventudes hitlerianas, Artur Axman, envolvían a Hitler y a Braun en una alfombra. Salí e informé a Schedle de su muerte. Luego, una vez abajo, mis camaradas me llamaron a gritos: `¡Ven al patio, están quemando al jefe!´. Pero no hice caso. Tenía miedo. El jefe de la Gestapo, Heinrich Mueller, había llegado a la Cancillería y temía que la Gestapo matara a todos los que presenciaran la incineración del jefe. Así que no estuve en el patio.»

Tras la muerte de Hitler, Misch ayudó a establecer una línea directa entre la cancillería del Reich y las líneas soviéticas, mientras el general Krebs trataba de negociar un armisticio. Pero los rusos se mantenían firmes. Exigían una rendición incondicional. Eran las noticias que Krebs, un soldado que hablaba el ruso muy bien, traía a los que quedaban en el búnker. Misch cuenta que Axmann, Bormann y Goebbels se despidieron de él. «Goebbels me dijo: `Bueno, Misch, hemos sabido vivir, ahora tenemos que saber morir´. Comprendí que todo había terminado, así que al rato dejé el búnker.» Antes, sin embargo, Misch conectó algunas llamadas de teléfono. «¿Cuál fue la última?», le pregunto. El anciano guarda silencio durante un minuto, tratando de recordar. Por fin, dice: «Fue una llamada del general Burgdorf al general Busse, comandante de la novena división. Poco después, alguien llamó preguntando por el general Krebs. Conecté la línea, pero no hubo respuesta. Fui a la habitación de Krebs y lo encontré sentado con Burgdorf. Estaban inmóviles. En un primer momento pensé que estaban dormidos». Pero no: se habían suicidado.

Misch intercambió contactos con un camarada, un técnico llamado Henschel, para que ambos pudieran mantener informadas a sus familias de sus respectivos paraderos. Le pregunto si se llevó del búnker algún recuerdo. Sonríe. «Tenía tanto miedo que en lo único que pensaba era en marcharme lo antes posible. Sólo he conservado una cosa del búnker.» Misch va entonces a otra habitación y trae una servilleta blanca con la letra H bordada. «Es del comedor de Hitler –explica–. No tengo nada más.»

Misch huyó hacia su casa, pero fue capturado por los rusos. Pasó entonces tres años en la prisión de Lubyanca, en Moscú. Como Stalin no creía que Hitler hubiera muerto, los supervivientes del búnker recibieron un trato despiadado para que contaran cómo se había fugado el Führer. Tan insoportable, que Misch llegó a escribir a Beria, el jefe de la Policía secreta rusa, pidiéndole que lo mataran. En lugar de ello, lo mandaron a un campo de prisioneros donde estuvo seis años, hasta que fue liberado en 1954. Regresó a Berlín, con su esposa, y abrió una tienda de pinturas y papeles pintados, que regentó hasta 1983. Por su parte, su esposa, Gerda, siguiendo la tradición familiar, fue concejal en el Ayuntamiento de Berlín occidental. Tuvieron una hija, que vive en Fráncfort y apenas habla con su padre.

Le pregunto, como al azar: «¿Se acuerda del número de teléfono del búnker?». Misch me mira con sorna. «Por supuesto. Era el 120050». Hitler, prosigue, «era el mejor jefe que se puede tener: siempre tranquilo, educado y amable. Ojalá todo el mundo tuviera un superior como él».

Luego nos enseña las cartas que recibe de todo el mundo. «Ésta es de Eslovaquia y ésta, de Australia. Suelen pedirme autógrafos», me dice. «¿Y usted les responde?», le pregunto. «Sí. Tengo hasta mi propia tarjeta postal», y saca un fajo en las que aparece en uniforme frente al cuartel general de Werwolf, en Ucrania.

El antiguo militar nazi es incapaz de entender lo repulsiva que puede resultar para la mayoría de los mortales la añoranza que siente por Hitler y su régimen. Sin embargo, al final, los temores de Efrem de que lo tratara con desprecio no se confirmaron. Es más, cuando Misch supo que el abuelo del traductor había servido en la legión africana de Mussolini, posó encantado con mi amigo eritreo. Su reacción al conocer mis orígenes rusos fue incluso más positiva: «Odio a los matones de los servicios secretos de Stalin, que me torturaron, pero los rusos de a pie se portaron muy bien con los prisioneros alemanes», me dijo, incluyendo algunas palabras en ruso.

Aunque hay algo que nos inclina a creer en la proclamación de inocencia de Rochus Misch, no puedo dejar de darle vueltas a un pequeño detalle de su relato. El hecho ocurrió en 1943, en Werwolf, el cuartel general nazi en Ucrania. «Al pasar cerca de la ventana del barracón de Hitler, oí el sonido de un aria. Me asomé y vi al jefe sentado en el borde de la mesa de su despacho escuchando el sonido del gramófono. Había discutido con sus generales y estaba muy irritado. Le pregunté: `¿Quién canta, mi Führer?´. `Joseph Schmidt, un famoso tenor´, me contestó. `¡Pero es judío, mi Führer!´, exclamé. `¡Y eso qué más da! Lo único importante es que la música sea maravillosa!´.»

Entrevista por: Konstantin Eggert
Fuente: XL Semanal, número 1031

24 comentarios:

abel dijo...

Yo también lo leí en el Semanal el otro día, y si su guardaespaldas dice que era buena gente pues habrá que creerlo, seguro que el que era el más fildeputa era Goebbels. De todas formas, los rusos tienen la culpa de todo, excepto de los polvorones de Estepa. Ojalá pudiéramos saber por qué Rudolf Hess se fue a Inglaterra a hacer paracaidismo.

Víctor Miguel Gallardo dijo...

Jajajaja, muy buena esa. Yo creo que quería inventar el kite-surfing ese de las narices, igual que el zepelín Hindenburg, que realmente fue incendiado a posta. O sea, por medio de métodos propios de carteros, buzoneadores de publicidad y empleados de caravanas de caballos transcontinentales. Es lo que hay.

Que por cierto, siempre que veo una foto de Hess pienso lo mismo: si este era ario, yo soy negro. Y siempre pienso lo mismo: si hubiera sido más guapo, lo habrían liberado antes. Yo personalmente creo que se pasaron varios pueblos con él, pero en fin...

Vanesuka dijo...

A mi me parece algo muy cruel lo que hizo Adolf Hitler, que vale que se cebaron con Alemania pero Adolf Hitler podia haberse mantenido en una postura más lógica y compasional, cosa que según el NO HABÍA QUE SENTIR COMPASIÓN POR LOS DÉVILES NI POR LOS CIVÍLES...que alguno de vosotros hubiese sido civil en aquella época..haber que me decíasis ahora..bueno si es que estubierais aún vivos.., vamos hombre.. Rochus estubo sometido a un constante lavado de cabeza y más si estaba rodeado de nazis y al lado de hitler, que nos va a decir...

Anónimo dijo...

perdonad mis faltas de ortografía del comentario anterior, es que me exalto y escribo muy rápido XD

Anónimo dijo...

perdonad mis faltas de ortografía del comentario anterior, es que me exalto y escribo muy rápido XD

Lusardo Luvi Figueroa Araujo. dijo...

Saludos desde Venezuela, desde hace algun tiempo atras estoy investigando sobre algunos antecedentes de la segunda guerra mundial, es evidente que el genocidio y la destruccion que hubo aun se vive, sin embargo, esto nos deja una leccion sobre estos hombres y sus modelos politicos que quieren construir, no debemos dejarlos crecer.. Pero muy aparte de esto es importante señalar que este hombre rochus misch, simplemente era un empledo a las ordenes del dictador, no deberiamos criticarle. En dias pasado publique tambien por internet mis planes de viajar a Europa para terminar mi investigacion, la misma busca el objetivo de entrevistar a este personaje que vivo de cerca con el dictador aleman, les dejo mi correo: fiarlulu@hotmail.com, para que por favor me hicieran llegar como encontrar la direccion de rochus misch.

Julian dijo...

Acabo de terminar de leer "Yo fui guardaespaldas de Hitler" y en realidad me creo la ingenuidad de Misch, un tipo sencillo y de campo que de pronto se ve metido en semejante rollo, incluso un poco contra su voluntad al principio. No obstante, el libro deja mucho qué desear, pues resulta en extremo lacónico y carente de fabulación. Me imagino así debió ser el reporte inspirado de un SS.
Por otro lado, la anécdota en la que Hitler escucha el aria operática cantada por Joseph Schmidt es distinta en el libro. Allí Misch le pregunta al ayuda de cámara de Hitler (quien finalmente le da la información) y no al Führer directamente. No sé a qué se deba esta divergencia pero me parece más apegado al carácter de Misch (discreto sobre todo) el que se lo haya preguntado al ayuda de cámara. De hecho, Misch evitaba en lo posible hablarle directamente al reverenciado tío Adolf.
Por lo demás, creo que Misch la pasó mejor durante el Tercer Reich que en las cárceles de Stalin.
Saludos desde Caracas.

Briquette dijo...

El libro de Misch fue para mi muy conmovedor. Aparte de esto, les cuento que tengo un Minimo para estrenarse este año en Chiclana en el Festival de Teatro.
Mi obra, que resulto ganadora, trata de los niños Goebbels y quisiera que me ayudaran a encontrar la direccion de Rochus Misch para hacerle llegar la informacion e invitarlo al estreno, ¿sera que me podeis ayudar con esto? Agradezco la cooperacion, Briquette

briquette@cantv.net dijo...

Por cierto mi correo para ver si me ayudais a encontrar a Rochus Misch
briquette@cantv.net
briquette.rodriguez@gmail.com
Gracias de antemano por toda vuestra gentil ayuda

briquette@cantv.net dijo...

Y si quereis ver algo de mis trabajos teatrales anteriores, os mando mi blog
http://teatrodelreich.blogspot.com

Anónimo dijo...

Por si a alguien le interesa saber quién formó la comitiva que encabezaba el General Krebs para parlamentar con el Mariscal Chuikov puede consultar el libro de Miguel Ezquerra, teniente coronel de la Waffen SS. Él, español de Aragón, es uno de los que acompaña al General Krebs junto a unos letones.

Briquette dijo...

Vaya..., vaya..., tambien habia españoles en la guardia que custodiaba el bunker, la division Carlo magno de las SS.

RBV dijo...

Supongo que Hitler habrá sido buena gente en privado. No se por qué todas las películas o libros lo muestran como un monstruo. Los gobernantes reflejan a sus pueblos. Los alemanes de ahora se la quieren dacar hechándole la culpa de todo a Hitler. Pero no. La conciencia colectiva de Alemanía modeló a su gobierno. A propósito, parece que los aliados no hicieron atrocidades.... ¿O es que somos tan ingenuos que no nos percatamos que la historía la escribieron los vencedores? Tienen que haber habido atrocidades de ambos lados. debemos evitar que ser repitan...

Briquette dijo...

Usted lo ha dicho, la historia la escriben (como quieren) los vencedores. Personalmente, pienso que la historia de la Segunda Guerra Mundial esta muy mal contada. Habrá que esperar unos cien años a que los revisionistas traigan a la luz, la verdad de los hechos. Casi todo lo que se ha escrito sobre Hitler son inventos. Me parece injusto que no haya nadie que investigue con imparcialidad y seriedad. Rochus Misch ha dicho la verdad, al menos, ha salvado su honor ante la Historia.

Oscar Rv dijo...

es mucho mejor y creible el argumento de la realidad de historia del guardaespaldas de adolf hitler que la basura de los americanos que lo que hacen es hacer ver de malo al que ellos consideran su enemigo.

Briquette dijo...

Amigos,
No se puede juzgar el pasado con los ojos de hoy. Se trataba de una lucha entre dos formas distintas de pensamiento: el nacionalsocialismo y el comunismo. Al final, media Europa quedó en manos del Comunismo y Churchill tuvo mucho que ver en eso. Alemania luchó contra ocho países y perdió.
No creo que los nazis hayan sido ni menos malos, ni mejores que el resto de los combatientes. Se trataba de defender aquello en lo que se creía.
Esa imagen de monstruo de Adolf Hitler es una farsa, como muchas otras cosas de la guerra, al final, la historia la escriben los ingleses y en este caso, las historias difundidas son contadas exclusivamente, por los judíos. Y se ensañan con quien quiera darle neutralidad y objetividad al asunto.
Si se leen los textos de Hitler, de Goebbels o de Himmler sin prejuicios, vemos que eran gente extraordinariamente inteligente. Hay que recordar en esa época no existían los derechos humanos porque la sociedad era otra, y que estos hombres venían de una educación extremadamente estricta y eso lo reflejaron en su comportamiento como líderes.
Rochus Misch ha tomado una postura honesta, muy diferente a Albert Speer que se vendió a los sensacionalismos de la prensa judía y a lo que la gente quería oír. TOMEN ESTO EN CUENTA.
Saludos a todos,

reinhardt dijo...

SIEG HEIL

Danglam dijo...

Rochus es un gran hombre.

atinem dijo...

hola amigos...perdonenme todos pero....como haria yo para escribirle a herr misch para tener el honor y la fortuna de poseer un autografo del hombre que estuvo cerca de my fuhrer!!! heil hitler!!!

Anónimo dijo...

r.mish@atrie.de

oder


Herr Rochus Misch
Postfach 101645
88646 überlingen
Deutschland

arie dijo...

Me parese de una desfachates,el negar haber tenido conocimiento de todo lo que ocurria en la guerra,siendo su posicion privilegiada,si tanto orgullo siente de haber servido al lado se su jefe como el lo llama seria de hombre y buen soldado no negarlo para mi es solo uno mas de los PERROS de hitler u nazi mas que averguensa a la raza humana, si todo segun ellos es propaganda americana o sionista donde estuvieron esos super hombres que no tubieron valor de enfrentar a la justicia, pues yo se donde, y como estaban, en un HOYO como ratas asustatas esos eran las temibles ss, solo ratas armadas eran la peste de la humanidad.

Briquette dijo...

Creo que Arie ve el pasado con los ojos del presente. En un mundo super comunicado como el de hoy, con internet, face book, etc, ¿qué tanto sabemos de las treinta y seis guerras que ocurren en estos momentos en Africa? Muy poco, ¿cómo se supone que el Sr. Misch sabía algo del desastre de una guerra total? Más razón, y menos Hollywood, por favor.

Unknown dijo...

Alguien conoce el nombre la hija de Rochus?, me gustarìa saberlo. Desde luego que su apodo debe ser: mala hija resentida, renegada y traidora, porque enviar a su hijo a una escuela judìa es de la peor mala leche que he conocido, aunque no es la ùnica, ya que varios hijos/hijas han renegado de la historia de sus padres alemanes.

Juan dijo...

Digno representante de las 14 palabras y de una vez por todas digamos la verdad por favor uno se cansa de tanta farsa miren el resultado de que en teoría hayan ganado los buenos el mundo es un caos Israel mata palestinos con libros en mano todos los días y de eso nadie habla ,el tío sam invade países como quiere y pisotea su cultura y sus creencias sin ningún problema por que en teoría todo lo que toque sus intereses en terrorismo ,Inglaterra es un asco tiene la deuda interna publica mas grande del mundo y para no reconocerla no se integra al euro ahora eso si para robar todos los avances alemanes en diferentes categorías y adjudicarse su autoría no hubo problemas de Rusia o la porquería que alguna vez fue su unión ni hablar cometieron genocidios terribles pero de eso no hay peliculas por poco stallin es un ídolo ,por otro lado Pakistán,India,Japón y otros eran aliados de Alemania y no eran precisamente arios y así podría seguir saludos .

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