sábado, noviembre 10, 2007

El bastardo que llevo en mí

Que sí, que sí. La historia, desde mi punto de vista, es cíclica, y yo, modesto agente de la historia (y actor principal de la mía propia) también me he movido, habitualmente, por ciclos. Las cosas van y vuelven, van y vuelven (más o menos como en el capítulo cinco de la estupenda Enjuto Mojamuto).

Ahora me he comedido, pero los lectores más veteranos de este blog recordarán algunas entradas, ya hace más de un año, en las que no dejaba títere con cabeza. Me cabreaba, me cabreaba mucho, tanto que, recordatorio obligado, mi anterior blog fue abandonado después de recibir amenazas de muerte tras decir que el Papa Ratzinger, ese demonio de la Cristiandad culpable de haberle hecho perder a la Iglesia el último tren que se le ofreció para ser coherente (léase Teología de la Liberación), me traía sin cuidado, que no lo reconocía como Cristo en la Tierra (manda güevos, yo hablando de religión, a mi edad y siendo editor de ciencia ficción) y que por mí se podía ir a pescar pirañas a mano. Más o menos.

Estaba en el ciclo de "me estoy enfadando, y mucho, con solo levantarme por las mañanas". Lógico teniendo en cuenta las penurias económicas, creativas y demás que pasaba por aquel entonces. Lógico teniendo en cuenta que veía el futuro negro, negrísimo. Lógico que el presente lo veía aún más negro que el futuro. Explotaba porque quería y podía, y porque este era un blog que leían cuatro amiguetes y punto.

Luego me tranquilicé, embaucado en el sopor benigno del trabajo duro. Dejé de preocuparme, por ejemplo, por lo que escribía y, de repente, y tras una eutanasia creativa bastante simpática, empecé a escribir mejor (desde mi punto de vista y el de mi mayor fan, Gabriella). Todo empezaba a rodar en todos los sentidos: me levantaba por las mañanas y veía la vega del río Genil, mi gato maullaba acurrucado a mis pies y mi hermana salía de una enfermedad tan larga como dolorosa para todos.

Los ciclos.

No he salido del ciclo "bueno", no es eso. Es tan sólo que, a veces, vuelven a tu cabeza retazos de recuerdos de tiempos pasados (hace año y medio, hace cuatro años, hace siete, hace...) en los que estabas realmente enfadado por algún motivo que ya no recuerdas. A propósito de esto, la que probablemente ha sido mi época más iracunda (mi primer año de facultad en Ciencias Políticas y Sociología), me ha traído sin embargo una sorpresa esta semana, la de la llamada de Julia e Iván, dos compañeros de entonces. Ella es ahora una reputada socióloga del campo del estudio de los géneros; él, un prometedor miembro de las Juventudes Socialistas. Cuando les conté cómo era ahora mi vida, lo que hacía y dejaba de hacer, Iván me preguntó:

-Coño. ¿Entonces ya no te puedo llamar Barry?

Y me hizo mucha gracia.

-Vosotros dos podéis llamarme como queráis. Eso sí, que lo intente alguno de mis nuevos conocidos, a ver lo que tardo en retirarles la palabra -bromeé.

Y de repente pensé que, efectivamente, incluso las épocas más rabiosas tuvieron cosas buenas. Julia e Iván, por ejemplo, de mis infernales tiempos en la facultad de Sociología y Ciencias Políticas de Granada.

---

Luego va y resulta que un buen día, hoy, tranquilo como estás desde hace tiempo y en paz con el mundo, encantado con todo lo que te rodea, tonteando con las comerciales del estanco y cediendo el paso en aceras estrechas a abuelitas con perrito, vas y te alteras. Primero viene un tío, el típico borracho de pueblo que siempre evitas, y te amenaza de muerte. Te sonríes nervioso y lo ignoras, pero a la vez piensas "A ver si hay suerte y te atropella el autobús", y das un respingo ante lo que acabas de imaginar.

"¿Estás rabioso?", piensas. "No, coño, ha sido sólo un instante, este pobre hombre está alcoholizado, no sabe lo que dice". Empiezas a razonar, lo cual es bueno porque razonando tiendes (yo al menos) a minimizarlo todo. Un "no tiene importancia" a tiempo habría evitado muchas guerras, creo yo.

Luego va tu madre y te cuenta la última del Ayuntamiento de Granada y de la empresa de transporte público urbano (Transportes Rober, no olvidarse): como han sido varios los casos, en la Zona Norte (mi zona) de pedradas a autobuses por parte de niños de etnia gitana, han decidido que, a partir de las ocho de la tarde, los autobuses den la vuelta justo en la esquina de mi bloque (la frontera de la parte mala y la buena del barrio, que coincide con la Comandancia de la Guardia Civil), dejando de prestar un servicio necesario a 30.000 habitantes de esta ciudad de mierda (¿véis?, me vuelvo a alterar) que es Granada. Ni más ni menos. La empresa de transporte urbano no encuentra otra solución que no entrar allí a partir de esa hora, y el ayuntamiento neo-fascista del Partido Popular no dice ni mú.

(Explicación rápida y concisa: estamos hablando del único distrito de la ciudad en el que, en todas las últimas elecciones, ha ganado el PSOE. A ver quién tiene güevos de hacer eso en el Zaidín o en La Chana)

Tu madre te comenta que el otro día se bajó de un taxi porque el taxista, al oír el nombre de la calle, no quería llevarla (es una avenida muy larga que tiene partes en la zona "buena" y en la "mala"). Cuando supo a qué parte iba, dijo que ahí sí, pero fue entonces mi madre la que lo mandó a paseo y se fue a otro taxi. Bien por ella. Pero mientras te lo cuenta te acuerdas de tus días en la Radio Municipal, de la "limpieza" que hicieron tras el cambio de gobierno, de todas las injusticias para con los empleados y voluntarios de aquella magnífica Radio Empleo en la que la mayoría currábamos de gratis. Y luego te acuerdas, y entonces la vena del cuello se hincha hasta proporciones monstruosas, de tu periplo como redactor de la revista del Distrito Norte, aquella que organizaba concursos de poesía y relato para niños de etnia gitana y magrebí que ahora son los "culpables" (muchas comillas) de que un barrio obrero por entero, que es considerado peligroso en su mayor parte por patanes que no han puesto el pie en nuestras calles en su puñetera vida, se quede sin transporte público precisamente a las horas que son más peligrosas. Y te acuerdas del concurso, y de la última edición del concurso y el concejal haciéndose fotos con nosotros, y de cómo te quitan la subvención un mes después para, otro mes después, dar inicio al premio de poesía mejor dotado del mundo. Y te acuerdas de esos niños gitanos tirando piedras en vez de escribiendo relatos sobre como es su familia o como es su barrio y ya es el acabose.

Luego te calmas y te dices: "Bueno, habría que hacer algo". Pero no hay nada que hacer más que lo que se está haciendo, protestar. Convencer al Consistorio de que esa no es la solución. Queda en manos de las Asociaciones de Vecinos de la zona norte, y que Dios reparta suerte y etcétera etcétera.

Pero vuelves al día a día de tu pueblo y un amigo te da la puntilla, todo eso tras un estupendo concierto de jazz de un grupo cordobés: en el bar de al lado, el dueño, que en las últimas municipales estaba en la lista del Partido Popular (¿otra vez ellos?, me cago en su estampa) ha colocado una bandera preconstitucional, la del pollo, el yugo, las flechas, junto con una pequeña esvástica y una foto de Hitler. Tal cual, sin anestesia.

Explotas.

Recuerdas el bastardo que llevas dentro, que nunca te ha abandonado, que te hizo meterte en tantos y tantos problemas, el bastardo que te permitió sobrevivir en el barrio más peligroso de la ciudad (ja, menudo peligro), el pequeño bastardo que no muere, que vive en ti, que espera agazapado a que le toquen mucho los cojones a su anfitrión para saltar sobre la yugular que amenaza su condición de huesped invisible.

La cosa está clara: mañana mismo iré a ese bar y pediré un descafeinado, o lo que sea. Si la foto sigue allí, la inmortalizaré. Tengo dos opciones: hablar con el dueño y amenazarlo o no hacerlo. Mi yo tranquilo y sosegado me dice que es mejor la amenaza, una del tipo "Quita eso o, sintiéndolo mucho, voy a tener que meterte en problemas". Mi yo bastardo me guía en un camino opuesto: con la foto del sinsentido, la del bar, su nombre y apellidos y su condición de afiliado del PP, ¿qué medio de comunicación desfavorable a la oposición no va a sacar tajada del asunto y más a pocos meses de las elecciones generales? Sí, sería algo anecdótico: un pie de página a lo sumo. Lo suficiente para hacer daño a un partido que detesto y que tanto daño en lo personal me ha hecho (el partido a nivel local, he de decir, claro), lo suficiente para satisfacer los deseos de ese lado malo que todos llevamos dentro.

El bastardo que llevo en mí me dice que no hay vuelta de hoja, que la historia es cíclica y que yo, como modesto agente de la misma, he vuelto por un día a mi estado de antaño: el del cabrón que puede hacer daño, sabe como hacerlo y, finalmente, lo hace. Y que tiene una razón.

Veremos a ver.

7 comentarios:

Coco Violante dijo...

Jo. Lo de la Rober lo he leído en el Ideal y es que no tienen perdón. Malnacidos los del Ayuntamiento por no poner soluciones...

Te mando besitos diliáticos (¿los recuerdas?) para que se te pase el encabronamiento tan malo...

Víctor Miguel Gallardo dijo...

No, si ya se me ha pasado. O está latente, que para el caso... ;)

Álex Vidal dijo...

En ocasiones es difícil, para personas buenas e inteligentes, saber qué hacer, pues acostumbras a dudar de ti mismo, de si te estás cabreando sin motivo, que no es de personas civilizadas... cuando lo justo sería rociarlos con napalm y encender un lanzallamas >:| y mandar al lugar donde deberían estar (o sea, al puñetero Infierno) a fachas, racistas y adoradores de Ratzinger Z (desde luego, vaya hipocresía: católicos amenazando de muerte. Qué mejor prueba de la no existencia de un dios...).

Bueno, sí, en ocasiones yo también me exalto. Tómatelo como un comentario para alegrarte el ánimo (bueno, no veo cómo puede hacerlo, pero te juro que era la intención) y manda para acá esa foto y no te metas en problemas, que esa gentuza no se lo merece. ;)

Víctor Miguel Gallardo dijo...

Lo peor del caso es que me llevo de puta madre con el dueño del bar, un alcoholizado heavy de la vieja escuela. Parece un buen hombre, aunque algo trastocado, de ahí (supongo) la mayor parte el cabreo: de que te lleves una hostia metafórica de quien no te esperabas.

Pero nada, ya estoy más calmado. En cuanto tenga cámara, haré la foto, aunque espero de corazón que cuando entre en el bar no encuentre nada...

Víctor Miguel Gallardo dijo...

Fe de erratas:

"Trastornado" por "trastocado". Claro.

Álex Vidal dijo...

Vaya, pues eso sí que sabe tope mal :(

A nosotros nos pasó algo parecido en Cerdanyola, pero tampoco éramos íntimos del propietario (sus padres habían sido vecinos de Nuria), pero cuando empezó a alardear de leer el Mein Kampf, desaparecimos discretamente y, mira, un ente menos en nuestras vidas :'( Sad but true.

Un abrazote.

Víctor Miguel Gallardo dijo...

Joder, se reproducen por esporas. o_O

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...