martes, abril 29, 2008

Granada, la poesía y otras cosas que mejor no contar


Diez u once o doce días en Granada. No los he contado. Conste que dan para mucho, siempre y cuando uno sepa administrar el tiempo como es debido, no se deje llevar mucho por la desidia y, sobre todo, sepa discriminar entre actos, conocidos, bares que visitar o rincones en los que solazarse.

En Granada se respira cultura, aunque sea esa cultura falsa que tanto gusta por estos lares. Una performance en mitad de la Feria del Libro puede parecer, a primera vista, una buena idea. Si se ejecuta con desatino, o si el que la ideó, directamente, es un border line al borde de la esquizofrenia, induce sin reparos al suicidio de cantidades ingentes de neuronas.

Ha sido un placer conocer a Paco, Tomás, Margot, Vuk, María, Javi, Nadia, Verónica, Ana, y tantos/as otros/as. Escuchar a Rage Against the Machine en "La Senda de Oro" o a los Foo Fighters en el "Machina" (cinco quintos de Mahou o Cruzcampo a tres euros, no olvidarse). Las visitas de los amigos y la familia al stand donde ora nos congelábamos, ora nos cocíamos (puñetero clima granadino que no conoce de primaveras ni otoños). Las conversaciones sobre literatura, ciencia ficción, cine, cómic o bares. Las quinceañeras que te abordan (¡verídico!) para confesarte que Jesús es mejor que cualquier droga de diseño. Las esperas interminables. Las botellas de agua de El Corte Inglés. El paté con setas de "El Ajoblanco", las croquetas de "El rincón del cofrade", el neón del "Organ Jazz".

Granada es la polla, y todo es posible en Granada, cada vez más. Cuando crees que ya todo está inventado, aparece ella y te deslumbra, excitándote. Como si fueras un adolescente. Como si el día siguiente no importara. Como si los sofás de los amigos fueran camas con dosel del mejor parador, la cerveza aguada Moet Chandon y el sol que te abrasa una bruma que apenas distrae.

El caso es que, y cambiando de tema, según Jorge B. Ortiz, somos una generación; seguramente, como yo apunté, marcada por la primera legislatura de Aznar (o, más bien, por la segunda, esa mayoría absoluta de la que ha de huír toda democracia). Escuchamos música parecida, leemos los mismos cómics y nos apasiona todo lo que otros detestan. No sé si somos una generación, pero todos hicimos nuestros primeros pinitos en ciertas páginas webs, nos conocimos vía internet, y acabamos compartiendo cervezas y chistes malos en cualquier esquina de esta ciudad.

Es sólo un proyecto, y esa portada (¡y ese título!) sólo dos bromas, pero amenazamos con esta publicación de desvaríos. Seguramente no necesaria. Seguramente. Pero, ¿y qué más dará si Granada es Granada y lo perdona todo?

(De izquierda a derecha, y de arriba a abajo: Jorge B. Ortiz, Gabriella Campbell, Marco Antonio Raya y yo mismo)

4 comentarios:

Charlotte dijo...

Seamos una generación o no, es cierto que nuestro vínculo por excelencia es Granada. Y mejor no hablo más, que me pongo nostálgica.

Cocó Violante dijo...

Uy uy, cómo me gusta la portada... Fantástica. Estoy deseando leer lo que demonios sea ;)

Víctor, te robé a Gabriella y no crucé más de dos palabras contigo, sorry :´( Sois unos campeones, mira que aguantar ese ir y venir de gente sin dinero para un libro...

Me gusta lo de "generación". Yo os observo desde la barrera, como ese nexo de unión con el mundo real que a veces necesitáis :P

Muchos besos para los dos de otra granadina de adopción.

marco antonio raya. dijo...

OHHHHHHHHHHH qué grande la portada esa!!!!
jajajajaja.
y como debe molar la foto de víctor sin tapujos identitarios. ;)

pues sí, cada día lo tengo más claro. fuimos una no-generación neurótica adorable, embebidos del no-sentir del zeitgeist que nos ha tocao, pero haciendo como que sí que sentíamos, ocultos tras el paté y el sushi.

orgulloso de mi fortuna, por supuesto. si no, ¿para quién hicieron sus canciones radiohead?

yeah.
me has alegrao la semana, víctor.

os quiero.

Anónimo dijo...

uhmmm
yo comenté aquí!!

jb

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