lunes, abril 07, 2008

Todo vale


Hace unas semanas, tomando un café con un cliente, Charlotte y yo nos vimos envueltos en una interesante discusión sobre arte. Nuestro contertulio se quejaba de que en el arte contemporáneo "todo vale".

Fue interesante contraponer las opiniones de un experto en arte (él), una teórica de la literatura (Charlotte) y un licenciado en historia (que no historiador, Dick me libre) aficionado a la arquitectura, la vexilología y la filatelia.

Recordé las sabias palabras de Charlotte, que según recuerdo dieron pie a un artículo suyo publicado en Hélice, acerca de que cualquier teoría puede justificarse con la dialéctica apropiada. Algo muy parecido a mentir o, al menos, a modificar la realidad (y las formas de enfocarla e interpretarla) en beneficio propio. Y sí que es cierto que el arte, y sus teóricos, pecan de esto mismo (que también afecta a historiadores, reseñadores de libros o fruteros, por mencionar ejemplos sangrantes de profesionales de la falacia y la invención de corrientes de consumo, aunque sea estético).

El arte del siglo XX, en mi modesta opinión, es en su mayor parte una basura. El del XXI va por el mismo camino ya que se siguen imponiendo unos criterios erróneos a la hora de la elaboración de la obra artística. El mecenazgo en el arte ha existido siempre, pero nunca como ahora se ha visto un cuadro, un libro, una escultura, una película o una obra de teatro como lo que ya damos por sentado: un objeto de índole mercantil. Muchos grandes artistas en ciernes de los últimos cien años han visto frustradas sus carreras por no poder (o saber) someterse al statu quo imperante. Urge la subvención para subsistir, con el condicionamiento a la creatividad del autor subsiguiente. Es adaptarse o morir.

Lo sangrante es que el "todo vale" va mucho más allá. Esto que he dicho en el párrafo anterior no es sólo aplicable a las últimas décadas, sino que ahonda ya en la Antigüedad Clásica. Pero al menos entonces los que se dedicaban al arte eran personas con talento. Ahora no: con la democratización de la sociedad cualquiera con el más mínimo interés puede dárselas de novelista, poeta, pintor, escultor, guionista, diseñador o lo que sea. Hartos estamos, los que nos movemos profesionalmente en el ámbito de la literatura, de soportar a poetas y prosistas sin la más mínima capacidad: soportar sus obras, quiero decir, y también soportar sus aires de grandeza al más mínimo atisbo de éxito. Soportar, horreur, a sus camarillas de allegados, ese nuevo clientelismo de la modernidad (que tampoco es un invento contemporáneo aunque nunca llegó a los extremos de paroxismo que se registran ahora con el auge de los medios de comunicación, instrumentos nefastos de desinformación y creación de tendencias vacuas, incongruentes, intolerantes).

Me preguntaba Jorge B., uno de los miembros de esa "generación Parnaso" literaria que tanto dará que hablar en el futuro, no os quepa duda, que por qué me negaba a aceptar su invitación para recitar en el ciclo que co-organiza. Mi respuesta era clara: "no puedo recitar porque no me creo mi poesía", fue más o menos lo que le contesté. Iré más allá: mi falta de confianza en mi escueta obra poética surge del convencimiento de que no poseo talento. No, no tengo un talento innato para la poesía: acaso sólo un poco de intuición.

Asímismo, tampoco tengo talento para muchas otras cosas. Como por ejemplo el diseño gráfico. Ojalá tuviera la mitad de las capacidades que tiene mi hermana (la de la foto superior, por cierto). Ella, que habría sido una publicista excelente, ha derivado profesionalmente hacia otro talento innato que posee, que no es otro que el trato con los niños. Bien por ella, que pudo decidir. Mal por nosotros, que nos perdemos a una diseñadora de aupa.

Talento en otros ámbitos sí que tengo. Por ejemplo, para la memorización de accidentes geográficos, interpretación de mapas y planos (Merelo: cállate. Lo de Sevilla fue un percance fruto del estrés, cáspita) y cosas similares. Hubiera sido un cartógrafo excelente, no me cabe duda.

También tengo talento para racionalizar todos y cada uno de mis actos, para prevenir incidentes futuros de tipo social o para caer inmediatamente bien a la mayor parte de los que me conocen (que, invariablemente, acaban confesando que sienten "confianza" en mi presencia, algo que me halaga). Hubiera sido un buen relaciones públicas, seguramente, aunque no me hago ilusiones porque, después de todo, seguro que hay docenas de personas que no me tragan. Lógico.

También creo que tengo algo de talento para la cocina. Y de verdad que no me importaría romper con todo y dedicarme profesionalmente a eso. A lo mejor sería, incluso, más feliz. No lo sé. Pero seguramente, si Parnaso cerrara (crucemos los dedos), por ahí irían mis intereses.

Volviendo al tema, precisamente porque no pretendo imponerme en algo para lo que no tengo talento, aunque lo cultive (por gusto la poesía, profesionalmente el diseño) no soporto a la gente sin talento que intenta venderme la moto.

Que de poetas malos, arquitectos sin gusto y directores de cine español está el mundo lleno, caray.

2 comentarios:

Cocó Violante dijo...

"También tengo talento para racionalizar todos y cada uno de mis actos, para prevenir incidentes futuros de tipo social o para caer inmediatamente bien a la mayor parte de los que me conocen (que, invariablemente, acaban confesando que sienten "confianza" en mi presencia, algo que me halaga)."

Me too :)

Me ha encantado tu reflexión. Y salís muy bien en la foto retocada jejeje.

titobobb dijo...

Bueno, mi doctrina de esta semana es que el arte no existe en absoluto o que forma parte de todo. Vaciar un sobre de azúcar en un café o sacarse un moco tiene tantas connotaciones artísticas, si se saben interpretar, como tallar un adoquín o un diamante. Me refiero al ARTE, no a los bienes de intercambio de valor cuantificable. Por supuesto para que algo sea ARTE no tiene forzosamente que hacerse público o exponerse a las miradas ajenas, al menos de forma intencionada.

Respecto a los talentos... mi doctrina no es semanal, es mas a largo plazo. Yo me caracterizo mas bien por mis faltas de talento. Una de las mas notables es la incapacidad para el halago y el peloteo. Y si, comprendo que no te creas tu poesía (por cosas así ando a trompicones por el mundo de los vivos).

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