jueves, julio 24, 2008

¿Qué pasa con el ciclismo?


Algunos de mis mejores recuerdos de los veranos de mi adolescencia están ligados al ciclismo. Mi familia solía veranear en dos pedanías de Motril (la segunda ciudad más importante de la provincia de Granada): Calahonda y Torrenueva. Luego, con mi entrada en la universidad, trasladamos los veranos a Almuñécar, por exigencia mía (allí tenía a muchos amigos, y había marcha). Pero de Calahonda y Torrenueva recuerdo poca cosa: playas que no son como para tirar cohetes, chiringuitos bajunos (muy bajunos), y, en definitiva, un ambiente veraniego casi de saldo. Lo que me gusta a mí, vamos, porque para leer por enésima vez El Señor de los Anillos bajo una sombrilla no se necesitan más alforjas. Y mi familia mola, que ya lo he dicho mil veces.

Pues eso, mis mejores recuerdos son los de la sobremesa, cuando mi madre y mi hermana volvían a la playa a dormitar y mi padre y yo nos quedábamos en algún bar de primera línea de playa viendo el Tour de Francia. Aquellos duelos entre Indurain (Banesto), Bugno (Gatorade) y Chiappucci (Carrera) de principios de los 90 están grabados en mis retinas. Ni fútbol ni pollas: el Tour de Francia era el momento deportivo cumbre del año. Miguel Indurain me gustaba muchísimo porque era un tipo normal, bastante feo y asmático (yo he arrastrado un "principio de asma" durante toda mi vida, y en aquel entonces me consideraba el patito más feo del corral, las cosas como son, por lo que supongo que me identificaba con él). Gianni Bugno y Claudio Chiappucci me gustaban incluso más: Bugno, con el maillot arcoiris de Campeón del Mundo, era el que más cojones le echaba del pelotón; Chiappucci, con el maillot blanco y azul del Carrera, subía los puertos como ningún otro (hasta que apareció Pantani, las cosas como son).

Eran mis tres superhéroes del verano. Yo tenía once, doce o trece años. Y no sabía montar en bicicleta (aprendí con quince, dándome de hostias con las paredes del garaje porque me daba vergüenza aprender en la calle). Me emocionaba el ciclismo porque me parecía el deporte más bestia que había conocido. Dar patadas a un balón no me parecía gran cosa comparado con hacerse doscientos y pico kilómetros encima de una bici.

Luego vino Armstrong y me aburrí de verle ganar. El escándalo del Festina (también me flipaba Virenque) tampoco ayudó.

Y después, el acabose. ¿Para qué emocionarme, por ejemplo, con Landis, si resultó ser un "tramposo"? Igual este año con Riccó. Y más que vendrán.

Hoy he disfrutado mucho con la victoria en Alpe d´Huez de Carlos Sastre, pero nadie me asegura que pasado mañana no esté fuera de la carrera por dar positivo en EPO de tercera generación. Sin embargo, la mayor parte de los dopajes en el mundo del deporte se concentran en un puñado de deportes (ciclismo, atletismo, fútbol americano) que no son exactamente los que más dinero generan. ¿No se utilizan sustancias prohibidas en fútbol? Ha habido casos sonados de dopaje en futbolistas (Gurpegi, Guardiola...), pero teniendo en cuenta la cantidad de equipos profesionales que hay en todo el mundo (sobre todo en comparación con el ciclismo), la proporción de "positivos" es infinitamente menor.

Ocurrió que, durante un Tour de no hace mucho, a un corredor le picó una avispa durante la carrera, y tuvo que abandonar inmediatamente porque sabía que, tras aplicarse la pomada anti-inflamatoria, iba a dar positivo en los controles. Quiero pensar que ahí está el quid de la cuestión, en que los controles en ciclismo (precisamente por ser un deporte especialmente duro, si no el más duro junto con el fondo atlético o la natación en aguas abiertas) son mucho más estrictos que en otros deportes.

O a lo mejor el problema es que los que hacen los controles en el Tour son franceses. No descarto esta posibilidad, desde luego. Cualquier cosa para mantener la fe en un deporte que todavía hoy me pone el vello de punta.


Sí, la foto de Marco Pantani y el Chava Jiménez, que en paz descansen, tampoco ayuda.

2 comentarios:

Juanma dijo...

No recuerdo si fue Sean Kelly o Laurent Fignon el que corrió media Vuelta a España con un forúnculo. No podía ponerse nada, porque hubiera dado positivo por corticoides.

Lo mismo pasa con todos los ciclistas que cogen un trancazo durante la carrera. Un jarabe para la tos da positivo en prácticamente todo lo que se os ocurra.

Yo era de Vicentito Belda; después, de Chiapucci; luego, de Pantani. Y ahora, lo que dices: ¿para qué voy a emocionarme con nadie, si lo más probable es que lo trinquen? Empero, no pierdo la esperanza de que Sastre gane este año el Tour, o Valverde termine ganando alguna grande.

Armstrong me caía bien por motivos de afinidades clínicas (como tú con Indurain), pero me tocó las pelotas en la etapa aquella del Alpe D'Huez en la que hizo el paripé, se fingió débil y aprovechó para dejar a todo el pelotón clavado. La prensa alababa su inteligencia y cómo había actuado. A mí me pareció un alarde de chulería de muy mal gusto, y ya no lo ajunté más. Pobre Ullrich.

Fran dijo...

El problema es que en el ciclismo o en el atletismo o vas o no vas, con lo que los ciclistas se comen mucho la cabeza y se dejan comer mucho la cabeza.

Cuando se dice que un ciclista "está siendo inteligente" para compensar su falta de fuerzas, suele significar que está chupando rueda o se está arrastrando detrás del pelotón.

En fútbol, Romario con cuarenta tacos se iba de fiesta entre semana y no se convertía en un delantero pésimo, sólo en un delantero que corría poco. ;P

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