lunes, agosto 04, 2008

Una semana en Valencia: la Campus Party


Oh, el techo de la Feria de Valencia, qué maravilla... aunque no tanto como tu pelo, chato.


La verdad es que bien podría haber sido una semana en Mogadiscio o en Jartum, porque de Valencia lo que se dice Valencia vimos más bien poco (aparte del "buen" caracter de sus policías locales, aunque hay que especificar que eso no es algo atribuible únicamente al subcontinente valenciano).

Pero vayamos por partes.

El viaje Costa del Sol-Valencia empezó de puta madre: la furgoneta alquilada rompió el embrague a los diez minutos escasos de ir por la autovía (salimos de Fuengirola y rompió antes de llegar a Torremolinos: vaya récord). El cacharro tenía sólo 6000 kilómetros, así que no quiero ni pensar en los cafres que la alquilaron anteriormente. Pues nada, furgo a la cuneta, llamada a la compañía, viene un notas (de vigilancia de autopistas) que, tras un rápido vistazo, nos corrobora lo evidente (que no sigamos con ella, que nos vamos a matar), viene una grúa con su correspondiente conductor (argentino, para más señas, y muy majo), nos subimos a la grúa los cuatro, evitando a toda costa a la Guardia Civil (tres plazas y cuatro ocupantes, mal asunto para el gruísta), nos paramos en otro arcén a esperar órdenes, nos fumamos un cigarro, nos vamos para el polígono de Guadalhorce (Málaga capital, mayor concentración de prostitutas de Andalucía; dos datos que no dicen nada pero que hay que decir, y que todo el mundo tiene en la cabeza cuando se menciona "Guadalhorce", obviando que, aparte de un polígono industrial inmenso es también un río), nos cambian la furgo y... dos horas perdidas.

(El dato de las dos horas perdidas es muy importante, como ya se verá a continuación)


Esa de ahí es nuestra furgoneta, una Citroen Sprinter alquilada. Lo de la derecha es el arcén, lo de la izquierda la Autovía del Mediterráneo, aka A7.


Salimos de la provincia de Málaga y entramos en la de Granada sin incidentes. Urge desayunar algo, así que paramos en Loja, en el área de servicio de Los Abades (cualquiera que haya pasado por allí conocerá Los Abades y su gemela Manzanil Area, dos edificios tirando a grandes y exactamente iguales, excepto por el color y el contenido, que están a sendos lados de la autovía). En Los Abades nos crujen por unos bocadillos de ¿jamón? Continuamos el viaje, pasando Granada capital y sus comarcas nororientales, con sus consabidas cuevas, yacimientos arqueólogicos de pega y sus agrestes eriales. El norte de la provincia de Almería tampoco es para tirar cohetes, pero es entrar en la Región de Murcia y empezar a añorar Andalucía. No obstante, la comida de las tres, pasada Murcia capital, fue barata, sustanciosa y sabrosa. El restaurante me parece que se llamaba "Antonio el cocinero" (tentador, ¿eh?), y aunque el servicio no era todo lo esmerado que uno presupondría de unas instalaciones que te hacían pensar que estabas en el mismísimo Salón de los Espejos de Versalles, el menú del día era más que aceptable. A destacar el magnífico (no, espera, pongamos mayúsculas: MAGNIFICO) gazpacho andaluz, seguramente el mejor que he probado en toda mi vida. Que manda güevos que fuera en Murcia. Pero claro, en Murcia tomates (y tomates buenos, hay que decir) hay de sobra. Delicioso, de verdad.

Nos ponemos en camino y salimos de Murcia. La provincia de Alicante nos empieza a refrescar los ojos (ver algo de verde en las lindes de la carretera es lo que tiene). Seguimos por la AP-7 (merece la pena pagar el peaje sólo para ver de lejos Altea, Benidorm y demás) y, tras entrar en la provincia de Valencia, nos sumergimos en el maravilloso mundo de las rondas de circunvalación.

Yo comprendo que los madrileños, barceloneses, valencianos, sevillanos, o asimilados a dichas ciudades, veáis más sencillo esto de jugar a los laberintos con vuestros coches, pero para mí es un lío. En Granada tenemos una circunvalación (o dos si se entiende como tal la "Ronda Sur") y ya vamos más que sobrados. Pero bueno, el GPS cumple su función a rajatabla y llegamos sin más incidentes a la Feria de Valencia.


Que no os vendan la moto: los dos stands más vacíos durante la Campus fueron el de las Fuerzas Armadas y el de RTVE. Pero yo creo que el de el Ente se lleva la palma: es más fácil buscar soldados en un entorno lleno de fans del Counter Strike que gente con ganas de ver capítulos mil veces vistos de Muchachada Nui o de fotografiarse en plan cutre con un muñeco.


La Feria de Valencia es un conjunto de edificios bastante bonito, muy amplio, bien equipado, funcional y etcétera. Todo hubiera sido perfecto si la organización de la Campus estuviera a la altura:

Para empezar, habíamos tenido conocimiento de los puestos que nos correspondían a las dos de la mañana de ese mismo día (en teoría: yo me iba a levantar a las siete, así que nadie me podrá culpar de estar durmiendo a esa hora). En la página web, o en los numerosos (e inútiles) mails con que nos bombardeaba el correo electrónico la organización no se especificaba nada sobre los horarios de llegada aparte de un ilusionante "(...) la inauguración será a las 23:00 horas, así que tenéis tiempo de sobra para acomodaros". Teniendo en cuenta que llegamos a la Feria cuando apenas eran las siete de la tarde, veo razonable pensar que no se nos pondría ninguna traba. Y como yo pensaban muchos, muchísimos campuseros, que a bordo de coches y furgonetas hacían cola ante las puertas del recinto para que nos dejaran subir a los pabellones para descargar nuestros bártulos (ordenadores, periféricos, tiendas de campaña, sacos de dormir, maletas con ropa, cajas con comida y bebida... lo normal en estos casos). Pues no, ya no podíamos subir directamente por las rampas del recinto, teníamos que ingeniárnoslas. La mayoría dijimos que nanay (sobre todo muchos barceloneses que al grito de "¡Esto es Espanya, di que sí!", casi montan una jihad contra los seguratas de la barrera, que a fin de cuentas no eran más que unos "mandaos"; supongo que de haber salido todo a pedir de boca esos mismos barceloneses se habrían congratulado de que la Campus se desarrollara en los Països Catalans).

Eran muchos los coches, sí, y los ánimos estaban alterados. Y yo sin acreditar. De repente, el Séptimo de Caballería, que ya es decir: dos uniformados de la Local valenciana, el uno con malas pulgas, el otro ya definitivamente rabioso y gritando un recurrente "¡O apartáis los coches o llamo a diez grúas!", que habría estado gracioso porque 1) habrían hecho falta unas cuantas más, pongamos que cincuenta, y 2) a ver qué gruísta-prestidigitador consigue llegar hasta el epicentro del asunto con tres calles y dos glorietas bloqueadas por vehículos tan variopintos como la furgoneta del panadero del cátering o el autobús urbano.


¡Hostia! ¿Y este pibón qué hace en la Campus? Pues básicamente, lo corroboro, jugar al WoW y al Human-Age. Teniendo en cuenta que jugar al Human-Age supone una media de dos minutos diarios (yo también juego), comprenderéis que el nivel 20 de su personaje No-Muerto se consiguió con esfuerzo pero en no demasiado tiempo...

Yo opté, dada la situación privilegiada de mi furgoneta, por la vía diplomática. Me bajé y me acerqué al menos rabioso de los policías, con mi mejor cara de chico bueno, pidiéndole gentilmente que, dada mi condición de novato en estas lides, y unida a mi desconocimiento de las cercanías, estaba deseoso de irme con la música a otra parte si me indicaba un lugar en el que poder estacionar mi vehículo esperando tiempos mejores. Coló, vaya que si coló. El guardia parpadeó un poco, como reseteando el sistema, y me señaló un lateral de la feria, justo junto a las vías del metro, todo pintarrajeado de amarillo (ya sabéis: zona que no ha de ser bloqueada en ningún momento). Y allí me coloqué hasta que vi mi oportunidad de ir acercándome más y más a la entrada de peatones de la Feria, consciente desde hacía un rato de que la entrada de vehículos ya no iba a abrirse.


El miércoles por la noche, y tras degustar unas cuantas jarras de cerveza en un hotel cercano, nos topamos con las Campuseras, que nos acogieron en su seno. Digan lo que digan ciertos friquis resentidos y misóginos por ahí, además de muy agradables y simpáticas son de muy buen ver. A las pruebas gráficas, muy variadas pero algunas secretas, me remito...


Tres horas y media después, y tras media docena de viajes transportando al interior los bártulos (que, repito, eran muchos, pesados e incómodos de llevar) y una búsqueda incansable de aparcamiento (incluyendo una bajada al párking de la Feria que terminó con una subida en marcha atrás al comprobar que, aunque no había ninguna indicación hasta llegar justo al final de la rampa, la altura máxima era de 2,1 metros) ya habíamos instalado todo: máquinas y tiendas. Estábamos un pelín cansados, la verdad, tanto como para echarnos a dormir en mitad de los pasillos. O para cagarnos en los muertos de los organizadores (¡encima nos quedamos sin cátering esa noche!), pero un par de cervezas en un hotel de los alrededores mitigaron los instintos homicidas, así que nos adentramos en las espaciosas instalaciones y nos preparamos para disfrutar.

Vayamos ya al tema de la Campus: la Campus mola. Que sí, que mola bastante. Y digo bastante porque yo no soy un adicto a la informática, los juegos, el modding o lo que sea. Los que sean adictos tienen que ir, porque palabra que lo van a pasar muy pero que muy bien. En todo caso, no hace falta ser un friqui para darse cuenta de que mola mucho:

-Tomarse un algodón de azúcar en el puesto de Microsoft. O lavar la ropa. O darle una golpiza al friqui de turno disfrazado de pataquito del Messenger. O dormirse en un puff. O pescar patitos. O... Oye, pues va a ser que el puesto de Microsoft era el mejor, mira tú por donde... (Además era el que tenía las azafatas más macizas: nada de esqueléticas, no, chavalas bajitas o menos bajitas con sus carnes y sus vaqueros ajustados ay-omá-qué-qué-ricas).
-Jugar al Rock Band en el puesto de Coca Cola, o al Guitar Hero, o a lo que se tercie.
-Probar los simuladores de Fórmula 1 en los puestos de la Comunidad Valenciana o Logitech.
-Zamparse una TelePizza a mitad de precio de tres a cuatro de la mañana.
-Jugar al WoW (World of Warcraft para los no iniciados) hasta que te sangren los ojos.
-Echarte unas risas mirando desde lejos el stand de las Fuerzas Armadas.
-Ver satélites destripados en el stand de nosecuala agencia espacial.
-Aprender a aerografiar material informático (doy fe de que funciona: mi cuñado ha aprendido y hoy mismo ha pintado una torre casi mejor que el tío que nos dio el taller).
-Comerse una paella gigante.
-Salir en la tele; o esquivar a los de la tele, según gustos (yo era de los que esquivaba, Gabriella de los otros, de hecho es posible que la hayáis visto en más de una cadena).
-Acoplarse a una fiesta de las Campuseras.
-Dormir en un pabellón lleno de gente y comprobar, escuchando atentamente, que no todos los campuseros son vírgenes o han hecho voto de castidad.
-Que te den un masaje en los puestos de Norton o Zed.
-Los modelitos de las azafatas anoréxicas de NVidia (unos kilos de más, pongamos que veinte, y hubieran estado perfectas).
-Que te regalen unidades limitadas de cascos de espartanos los de NZXT, camisetas los de NOX, creadores de criaturas los distribuidores de Spore...
-Ver a dos tíos con los trajes de baño de Borat compitiendo para ver quien gana 600 euros en material de Logitech (una lástima que justo entonces se acabaran las pilas de la cámara: fue lo más grotesco y divertido de toda la Campus, aunque aún estoy traumatizado por culpa del participante más "rellenito" y su numeroso vello corporal).

Y muchas cosas más.


Escenario principal del pabellón 1 (o 2, nunca me acuerdo), sábado por la noche. La Campus ya está dando sus últimos coletazos, pero es la final de la competición de Rock Band y París bien vale una misa, así que nos acoplamos a una pechá de gente (en la foto no se ve, pero éramos muchísimos los que estábamos a pie de escenario) para aclamar a los vencedores, cuatro chavales que clavaron el "Dani California" de los Red Hot Chili Peppers.


Por supuesto también hay cosas que no molan nada de nada:

-Tener que enseñar la acreditación a cada paso que dabas. Mal necesario, pensaréis, para evitar intrusos. Lo admito si estuviéramos hablando de "aduanas" exteriores, pero para las "aduanas" interiores (entre un pabellón y un pasillo, por ejemplo) me parece francamente engorroso e innecesario. Si lo que quieren evitar son los robos, basta con que en esos pasos de control se registren los bolsos y demás (que también lo hacían, unas veces con minuciosidad tipo Stasi, otras con una desgana más que evidente, algo lógico teniendo en cuenta el ¿sueldo? mísero de los ¿voluntarios?.
-La información que la organización nos daba a cada momento. Te enterabas más leyendo los e-mails absurdos y crípticos que te mandaba CPEE (Campus Party, El Ente) que preguntando en el mostrador de Información.
-Cierta comida del cátering, francamente despreciable. En términos generales se podría decir que la comida fue decente, pero muy irregular: lo mismo te cascaban unas salchichas con chucrut vomitivas que un pollo asado muy bueno. Eso sí, el cátering (aviso para futuros campuseros) es más que recomendable: si os gusta comer, vais a hartaros porque podéis repetir hasta decir basta, es más cómodo que bajar al Mercadona, y es más sano (aunque no mucho) que andar una semana comiendo bocadillos. También es más económico, siempre y cuando aproveches desayuno, comida y cena. En mi caso acudí religiosamente a todas las comidas y sólo me perdí dos cenas (la primera por culpa de la organización y la del miércoles porque me fui de cervezas y luego nos topamos con las Campuseras), pero a la hora del desayuno me temo que nunca estuve despierto.
-El espacio. Los pabellones son espaciosos, pero da la sensación de que el espacio está mal distribuido. No es normal, y estoy hablando de una normalidad que podría ser tomada como propia por cualquier humano con más de 60 de CI, que sobre espacio por todos lados y que, en cambio, en las hileras de puestos de los campuseros tengas que estar molestando a la gente para poder pasar.
-Los irreductibles del WoW son un coñazo. A ver, yo no había jugado al WoW en mi puñetera vida. En la Campus lo probé y me gustó, no tanto como para hacerme una cuenta de pago (para eso ya tengo la de Charlotte), pero sí como para dedicarle unas horillas mensuales subiendo el nivel de mi personaje. Pero no, en la Campus he visto a muchos friquis del WoW, friquis de esos de no dormir pensando en Zancudos de Pradera y grifos, friquis de esos que se criticaban en un capítulo de South Park. Insoportables.
-Los pesados de turno (las "invasiones" son más divertidas, pero el continuo grito de "¡Patxi!", "¡Espartanos!" o "¡Bukkake!" y, sobre todo, el altavoz con la música de Titanic, ponían de los nervios.
-10% aproximadamente de mujeres. Un porcentaje asqueroso para cualquiera que tenga dos dedos de frente.
-El aire acondicionado te destroza la garganta, comprobado. De nuestro clan, tres de tres caímos.
-Que te confisquen las tijeras de recortarte el bigote y la barba tiene un pase: efectivamente eran más largas que un dedo meñique, efectivamente tenían punta, y efectivamente (en un momento de locura extrema) las podría haber utilizado para asesinar a Joaquín Reyes o para cortarles las puntas a las azafatas del stand de Shandy Cruzcampo. Pero que al día siguiente, al ir a recuperarlas, un maromo que no pasó de la EGB te intenté convencer de que las han entregado a la policía... eso, perdonadme, eso no mola nada porque sabes que 1) es mentira, y 2) es una jodienda que alguien que no te duraría ni tres minutos jugando al Trivial, al Monopoly, al Póker o al Cinquillo (aunque probablemente sí a cualquier juego físico, especialmente kick boxing) te vacile delante de tu novia. Aunque sí que mola que la novia en cuestión lo mire con cara de "este tío es retrasado mental", el chaval en cuestión lo note y empiece a reírse nerviosamente suplicando que la Tierra se lo trague. Lo cual no pasó, por cierto.

Que en fin, que supongo que repetiré, para qué nos vamos a engañar, aunque espero que las cosas estén un poco mejor organizadas. Y también espero poder ver más de Valencia y tener tiempo para quedar con la gente (mil perdones a Alfredo, Raquel y Martha). Mañana mismo me voy tres días a Jerez de la Frontera, por cierto, en lo que van a ser mis verdaderas vacaciones, así que no esperéis una nueva actualización hasta el viernes. Y eso con mucha suerte.

Ah, se me olvidaba:


La semana pasada no la publicité, así que muchos tenéis dos nuevas tiras que leer. Más o menos aquí, como siempre.

PD: Había una frase que dice mucho mi madre y que es aplicable casi siempre, la de "El hombre propone y Dios dispone". Incluso alguien que no crea en Dios pero sí en el Azar, la Adversidad, la Mala Suerte Recurrente o el Gafe puede tomarla como propia tras una pequeña adaptación. Al final ni Jerez de la Frontera ni leches: tengo a la parienta con casi 40 grados de fiebre, y al ir a la farmacia a por antibióticos he descubierto que el Problema Pasajero (a partir de ahora PP) con mi coche no era tan pasajero. El PP consiste en un arranque perfecto, un primer viaje feliz y, luego, una dicharachera experiencia de caídas bruscas de revoluciones, re-encendidos pintorescos en los que lo más probable es que acabes esperando a que se enfríe el motor, y una sucesión de marchas primera-segunda-primera (acompañadas de embrague a fondo y acelerador a tope una y otra vez) en la que, cada vez que ves una cuesta arriba, piensas en el seppuku como forma más honorable para morir.

O sea, que la enfermedad de la parienta ha sido en realidad una ayuda divina para que mañana no pasemos unas cuantas horas tirados en la cuneta de la autopista. Posiblemente a la altura de Marbella, por aquello de no avanzar más de lo que nuestros pies no puedan resistir caminando tras doce horas volviendo a casa con el rabo entre las piernas (otra ley no escrita de mi vida que siempre he agradecido, es de recibo mencionarla).

No os voy a engañar, estoy bastante triste. El viaje era, a la vez, un regalo de mis padres y un regalo mío a Charlotte para celebrar su cumpleaños. Y mis primeras vacaciones verdaderas, de esas de no dar ni golpe y hacer lo que quieres realmente (en este caso, visitar bodegas y ver linces ibéricos nacidos en cautividad), en cinco años (cuando estuvimos los dos en Madrid disfrutando como nunca he disfrutado en mi vida). Que este tres en uno se haya ido al garete, unido al dinero de la reserva del hotel tirado a la basura, unido a que no tendré ni el tiempo ni el dinero para repetir esto hasta dentro de mucho tiempo, no me convierten ahora mismo en el hombre más feliz sobre la faz de la tierra. Obvio.

Puf.

9 comentarios:

Cocó Violante dijo...

Me lo he leído entero o_0 Me sangran los ojos, pero menos mal que he llegado al final para leer lo de Gabriella. ¿Está mejor? Dale un besico de mi parte para que se recupere...

Siento que os hayáis quedado sin holidays... Jo.

Muy bueno el relato de la Campus, por cierto :)

Juanma dijo...

Espero que Gabriella esté mejor.

Un besazo muy grande para los dos...

...aunque...

El PP consiste en un arranque perfecto, un primer viaje feliz y, luego, una dicharachera experiencia de caídas bruscas de revoluciones, re-encendidos pintorescos en los que lo más probable es que acabes esperando a que se enfríe el motor, y una sucesión de marchas primera-segunda-primera (acompañadas de embrague a fondo y acelerador a tope una y otra vez) en la que, cada vez que ves una cuesta arriba, piensas en el seppuku como forma más honorable para morir.

En este párrafo ¿estás hablando de tu coche o de Mariano Rajoy? No me quedaba muy claro. XDDDDDDD

Alfredo dijo...

Si es que... lástima que me tocara currar y que no pudieráis salir como toca de la campus. Ya van dos veces que no os puedo anfitrionar como toca y me sacáis demasiada ventaja.
Nos vemos -espero, cohone- en Almería.
Abrazos varios :P

Alfredo dijo...

estoy pluriacentuador. claro, todavía no son ni las 11. aaah.

AMS dijo...

Parece que después de todo lo habeis sobrellevado bien. Me alegro que hayais disfrutado. Lastima que no nos podamos ver en Jerez. Otra vez será.
Un besazo para Gabriella y que se mejore

Álex Vidal dijo...

sobre todo muchos barceloneses que al grito de "¡Esto es Espanya, di que sí!", casi montan una jihad contra los seguratas de la barrera

Juas, lo que me he llegado a reír con esta frase :D

supongo que de haber salido todo a pedir de boca esos mismos barceloneses se habrían congratulado de que la Campus se desarrollara en los Països Catalans

Lo dudo mucho: la relación entre barceloneses independentistas y valencianos blaveros distan mucho de ser "cordiales"...

Quizá algún año pruebe eso de la Campus, a ver qué tal. Es que no me hago a la idea, por muy bien que lo hayas explicado (que lo has hecho), de sus ventajas.

Abrazotes para ti, y muchos besotes para Gabriella. Buen karma desde BCNCity para que se recupere a la de ya.

Francisco Fernández dijo...

Pues tiene mala fondinga lo de Gabriella ... a recuperarse pronto y enhorabuena por las nominaciones.

Farmacias de guardia Fuengirola dijo...

Muy buen blog, muy buena información

Farmacias de guardia Algeciras dijo...

Esta interesante lo del blog lo estaré mirando Esta información es muy valiosa gracias y sigan publicando

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