martes, septiembre 09, 2008

Gronf ha muerto (o la pena por el primer coche)


Si hay una cosa que me molesta, aparte de los ingleses de la Costa del Sol (ver capítulos anteriores), son las sustituciones innecesarias y las compras superfluas (no tengo tantos reparos a la hora de ir a comer a restaurantes, para qué nos vamos a engañar: no soy un modelo de ahorro 24/7, sólo a veces y con las cosas cotidianas). Si algo funciona, se arregla y punto. Si una camiseta está rota, pues se rasga y se usa como trapo para limpiar. Si las latas de cerveza son más caras que la litrona, pues te compras la litrona aunque sea más incómoda (esto es aplicable también a los refrescos). ¿Calcetines de marca habiendo mercadillos? ¡Pero si son iguales (excepto en el precio)!

Las excepciones son la comida (como ya he dicho, cosa que me viene de familia) y el perfume. El perfume es lo único que compro de marca. De hecho, de una marca concreta, Adolfo Domínguez (Vetiver, Agua Fresca y Agua de Sándalo son las tres que uso, según la ocasión lo requiere). El resto, lo que mejor relación calidad-precio me ofrezca, sin pararme a mirar marcas. Con las marcas estás pagando ya no sólo un producto, sus costes de fabricación y distribución, etc., sino también sus proyectos publicitarios millonarios, su presencia en ferias internacionales, las mariscadas de sus ejecutivos, los contratos publicitarios a estrellas del deporte, la música o la moda y los sueldos de los capataces de sus fábricas en Asia y África. Y encima el logotipo de la marca, salvo excepciones, tiene que estar bien visible (o sea, que tú mismo estás pagando para ser un activo publicitario). No es tolerable para mí porque la calidad de sus productos no es tan superior a los de las "no marcas".

Con la comida y los perfumes la calidad más alta se suele corresponder con los precios más altos. No es lo mismo comprar ternera de primera que de tercera, obviamente, ni un Agua de Loewe que su copia fabricada en China (comprobado: las copias no huelen igual. Huelen parecido, pero no igual. Aunque las fabriquen en lugares contiguos, cosa que tengo más que aceptada). Sí, seguramente es una justificación estúpida, lo sé.

Bueno, he intentado retener la compra de un coche nuevo con excusas cada vez menos creíbles. Por ejemplo, y hasta hace tres semanas, nadie me bajaba del púlpito en el que decía a voz en grito que, después de todo, para fin de año podría permitirme un coche de más alta gama y que hasta entonces el viejo Kadett iba bien. Pero claro, el viejo Kadett dejó de ir bien de la noche a la mañana (literalmente) y de repente me urgía decidir: ¿enésima reparación del pobre Gronf o nuevo coche?

Sinceramente ya no tenía paciencia para una nueva reparación: he demostrado con creces que era dinero tirado a la basura. Si hubiera ido ahorrando lo que he gastado en él desde que lo compré (y lo que han gastado mis padres cuando yo no podía permitírmelo) ahora podría haberme gastado más en otro coche. Aunque el que me he comprado me gusta, y la primera impresión es la de que no he tirado el dinero. Es de baja gama pero con todos los extras (porque es un kilómetro cero, claro, no porque los haya puesto yo), va de puta madre en ciudad y bastante bien en carretera. No necesito más, por ahora.

Aún así, dejar esta mañana a Gronf allí tirado, delante del concesionario, recién despojado de los últimos cassettes y del antirobo... no sé, me ha dado mucha pena. Incluso he llegado a pensar "tal vez con una nueva reparación...". He pasado muchos malos momentos con él (en especial sus dos robos), pero también me ha dado mucho juego, muchísimo.

Me habían dicho que el primer coche siempre es especial, pero yo no lo tenía tan claro. Ahora sí.

Snif.

3 comentarios:

Cocó Violante dijo...

Probe Gronf... :'(
Estoy deseando ver tu nuevo Parnasomovil jejeje.

Gorinkai dijo...

Trece años me duró mi primero. Un Kadett, precisamente, aunque por lo que cuentas el mío me salió más recio (y mira lo que lo llegué a putear, como mula de carga y por montaña, hielo, nieve, calor sahariano y cosas que no le pedirías ni a un 4x4, y lo que aguantó sin quejarse y sin talleres; claro que, era de Bilbao...).

Y sí; da pena. Pasa como con todos los "primer algo". El que tengo ahora ya se va acercando a los diez años, va perfectamente y aun así hago ojillos a otros, y si no me he pillado uno nuevo es por falta de pasta y porque, en el fondo, tiendo a usar lo que funciona mientras funcione... Pero sé que cuando tenga que cambiar este no me dolerá lo mismo.

titobobb dijo...

¿y no te has enterado de a que desguace lo van a llevar? Molaría ir a visitarlo y llevarle ambientadores de pino una vez al año... y observar como cada vez le van faltando mas piezas... hasta que solo quede un cubito de hierros

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