miércoles, diciembre 31, 2008

¿Hay algo que celebrar?

Está en la naturaleza del ser humano la necesidad de festejar. No es cosa de la sociedad occidental, ni del hombre moderno, ni siquiera del homo sapiens sapiens. Ha habido festejos casi desde que abandonamos los árboles y empezamos a golpear piedras y palos para hacer herramientas simples. Así aparecieron, poco a poco, festejos relacionados con funerales, propiciatorios con los dioses o con la naturaleza, fiestas de la cosecha, de los solsticios, fiestas de nacimiento o de mayoría de edad, fiestas de boda, fiestas tras una guerra ganada o fiestas, por rizar el rizo, por asimilación de las de pueblos vecinos, por cumpleaños o incluso por aniversarios de hechos históricos que personalmente no vivimos. Hay fiestas alegres y también muy serias. Fiestas en las que todo el mundo participa y fiestas específicas para un puñado de gente.

Si echamos una ojeada al calendario veremos que, como mínimo, hay una fiesta a la semana, el domingo, de caracter religioso aunque nos hayamos apropiado de ella todos por razones más que obvias. Tenemos la Navidad, el Año Nuevo, los Reyes, la Semana Santa, el Carnaval, el día de la Hispanidad, las fiestas locales, las fiestas regionales, las fiestas del barrio, los cumpleaños y los santos, aniversarios de boda, las bodas propiamente dichas, bautizos, comuniones, confirmaciones, juras de bandera, graduaciones, semana blanca, día de San Juan, cenas de empresa, victorias de nuestro equipo... Casi cualquier excusa es buena para romper con la rutina, hacer regalos, comer algo especial y echarnos unas copas sin remordimiento de conciencia. En las fiestas todo, o casi todo, está permitido: podemos comer y beber más de la cuenta, podemos trasnochar, podemos tutear al superior y mezclarnos con el empleado, podemos vestirnos de traje y corbata sin sentirnos asqueados (otra cosa es cuando te obligan a hacerlo para trabajar), podemos disfrazarnos sin sentirnos ridículos; podemos, en definitiva, dejar de lado el día a día, la hipoteca, el Euribor, el trabajo precario o la falta de este, echar unas risas sin pensar en el día después y pasarlo bien.

La Nochevieja y al Año Nuevo son unas fiestas particularmente celebradas. Tenemos por costumbre mirar atrás y, tras valorar el año que está a punto de terminar, conjurarnos para que el que empieza sea mejor. Como si dependiera de nosotros. O como si, por cambiar un número en el calendario, fuera a suceder realmente un cambio.

Todos coincidiremos en afirmar que el 2008 ha sido un muy mal año desde muchos puntos de vista. Muchos dicen que el 2009 va a ser peor desde el punto de vista económico (que, a fin de cuentas, es del que depende todo). Yo también lo creo: con que sea igual de malo que el que acaba será mucho peor porque no habrá ni siquiera una Eurocopa que ganar por la que decir "¡Cómo molamos!". No es un año de elecciones (quitando las de Galicia y algunas más), no hay mundial ni olimpiadas, ni Expos, ni giras mundiales de los grupos que nos gustan (al menos en mi caso). No habrá, pues, ninguna de esas anécdotas que, en un año económicamente hablando malo, nos pueden alegrar un día concreto. Nos queda, no obstante, Eurovisión, la Champions, el inicio de temporada de nuestras series favoritas y alguna cosilla más.

No es lo mismo. Va a ser un año puto. Y el que avisa no es traidor.

1 comentario:

Gorinkai dijo...

Dentro de doce meses espero poder hacerte comer esta entrada. :)

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