lunes, abril 20, 2009

Dejar de escribir poesía

Y es que el problema es que escribía para vomitar
y cuando me vacié
dejé de escribir poesía

Ya no había nada en mi cabeza
(ni en mi estómago)
que quisiera ver fuera de mí

Como tuve una infancia tranquila
no dije nada de mis padres ni de mi escuela
que nada me hicieron
que no me violaron en los patios de recreo
ni me obligaron a masticar arena mientras los niños gorditos que se parecían a mí
se reían tarareando Bola de Dragón

Como mi adolescencia fue plácida
no tuve que lamentarme por ese primer beso
(y ese segundo, y ese tercero, y ese)
que no di hasta que ya fue demasiado tarde
para sentir ardillas subiendo por la espina dorsal
o delfines navegando en mi escroto

Lo peor fue una juventud echada a perder
en un entorno perfecto, rodeado de pimpollos relucientes
y lenguas estiradas
así que escribí poesía sólo por ser como el resto
de los insomnes
sólo por sentirme uno más
de la tribu de los deformados mentales

Y como no tenía mucho que vomitar
dejé de hacerlo casi al principio
guardándome para mí el resto: orín y heces
que sigo digiriendo como si fueran una delicatessen del infierno

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pues, pra haber dejado de escribir poesía, no esta nada mal. Lo de delfines en el escroto es sublime. Lástima de no poder invitarte a una cerveza por los viejos tiempos.

JANUMAN

Por cierto, sigo escribiendo poesía, me temo que me queda náusea para ratos. ;-)

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