viernes, noviembre 06, 2009

Oda a la belleza de las cosas fúnebres


El tiovivo de mi cabeza
y la poesía
siempre escalando montañas
de mediocridad.
En el paseo marítimo de esta ciudad de mierda
en la que me escondo
está parapetado el primero,
presa de la vacuidad de los nuevos tiempos,
absorto en la herencia de subvenciones añejas.
Ya nadie declama subido a los caballos de cartón piedra.

No way.
Es como la poesía que te ayuda a vomitar cada noche
lo que has deglutido con parsimonia durante el día.

El tiovivo gira, gira, gira
encorvado en la incertidumbre
de la campaña electoral, del niño que lo mira con desdén,
del padre que lo añora.
La poesía no da ni una sola vuelta,
no vive,
no ríe,
ni siquiera es ignorada, simplemente
se está muriendo mientras las últimas letras
son devoradas
por tus ojos.

El tiovivo, la poesía, mi vida,
no son sino anacronías de la razón pura.

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