viernes, diciembre 03, 2010

Junto al río

Nunca hubo felicidad más plena
que junto a ese río
que fluía entre abedules y cipreses.
Hacia el oeste, hacia
una Granada hundida
a la que recurrir para poder pastar.

Una plaza de toros portátil nos vio amanecer,
riendo,
llorando por las carcajadas
de pies enfangados.
El lodo era la alegría extrema
de dos esquejes que se amaban,
nunca en silencio,
nunca breves,
siempre huyendo de bar en bar
con la sonrisa en la boca
y las manos entrelazadas.

De entre todas las noches, el amor nació en aquella
porque no había nada que perder,
ningún equipaje detrás,
ningún futuro delante,
sólo el chapoteo de nuestros pies en el fango,
sólo nuestras risas en el ruedo,
sólo un te quiero bajo la seca lluvia de septiembre.

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