martes, enero 11, 2011

Banderas de nuestros padres


A caballo entre la iglesia que se incendia
por mediación humana y no divina
y la parafernalia del añorante fascismo
sujetas el estandarte del Infierno
con manos temblorosas que sudan sangre.

A un lado, un ejército glorioso de ángeles y querubines áureos;
al otro, un océano de esqueletos andrajosos que blasfeman.

En tu frente el sudor. En tu diestra la espada.

En tu cabeza la convicción
de la derrota amarga, del rechinar de dientes.

Ni hay honor en una victoria sin sangre,
ni humillación en un fracaso que no recogerán
los libros de historia escritos por tus hijos.

3 comentarios:

PECE dijo...

Destaco especialmente la última estrofa.

"Ni hay honor en una victoria sin sangre,
ni humillación en un fracaso que no recogerán
los libros de historia escritos por tus hijos."

Aunque quizá demasiado larga. De cualquier modo me gusta la realidad que describe: no puede haber humillación de aquello que no se recuerda.

En definitiva, la memoria como pilar básico del progreso.

VMGB dijo...

Muchas gracias por tus palabras. Has captado la esencia por completo.

May dijo...

Maravillosa pelicula, sin duda...

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