miércoles, enero 26, 2011

Confesión


Para E.

Confiar en el extraño; desconfiar del hermano.
Siempre erizando el vello ante la palabra oculta,
una mano en la verga, la otra en la solapa
amildonando el cuello
con olor a antaño. A cloaca vieja.

Ni recuerdo las veces que perdimos el conocimiento
junto a la ría, junto al castillo, junto
estábamos juntos y a mil kilómetros de distancia
autodestruyéndonos en silencio
sin conocernos.

Y luego, con el primer apretón de manos,
principios de febrero, o de marzo, o de un mayo fecundo
nos rellenamos mutuamente el vaso de vodka
(el infarto en el futuro incierto,
o un aneurisma que nos une como insectos a un álbum pegajoso)
y, al brindar, al mirarnos de reojo
pupilas dilatadas como guardianes entre paja rancia
escupimos al suelo
no sin rabia, no sin música afilada de entrañas
(las nuestras)
yuxtapuestas a esquemas mentales análogos
nos dijimos que

todo lo que habíamos hecho ese día estaba bien

pasaríamos juntos, acodados en una barra cualquiera
una parte importante de vida

(de la que no contaremos más que con alusiones a hijos vecinos esposas)

tenemos todo lo que necesitamos en este preciso instante

este precioso instante

acodados en una barra juntos hablando de imposibilidades de material inflamable que se evapora en nuestras manos de ardillas de ojos imposibles de manos que nunca tocaremos de la delicia del no amor no compasión no sexo no empatía no

hemos nacido para perdurar ni

para amar lo imposible

(apenas un jirón de nube azul mecido por el viento)

---

Y es lo mejor que puedo dedicarte en una noche así. Espero que entiendas que eres importante para mí, y parte de mi salvación, de la salvación que 2010 me ha brindado al tiempo que me intentaba ahogar en un cubo como si fuera un gato recién nacido.

1 comentario:

Cristina dijo...

Ahora te toca a tí salvarlo a él.
Me ha gustado.

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