sábado, febrero 12, 2011

Pentecostés


Eres bajito y orondo, un pequeño buda triunfante
de pelo blanco y cola enroscada
durmiente perpetuo en sábanas recién planchadas
devorador de sobras,
gurú del pienso de baratillo,
gourmet de la raspa y el hueso.

Tu belleza es inaudita
aunque bizquees ante cualquier infortunio
minúsculo
que pone en peligro tu vida de mesa camilla
colcha
manta
cuenco de agua.

Uñas afiladas en cualquier rincón oculto
y bostezo infinito
por un día a día que repite consignas ignoradas
de pasillos vedados
cortinas prohibidas
ventanas cerradas a perpetuidad

vías de salida que no existen
en un lugar sin tiempo
en el que dormitar
comer
soñar con nubes blancas y canarios cautivos
y dormir de nuevo
mientras te acarician muebles de sangre caliente.

---

Sí, Pentecostés es mi gato. En abril cumplirá cinco años, más o menos la mitad de lo que suelen durar los gatos domésticos. Sería difícil, tal vez imposible, explicar el amor que siento por este animal que ahora mismo ronca sobre mi almohada.

Amor absoluto. E incondicional. Después de todo, es él el que siempre me ha acompañado en el último lustro, sin importarle las risas o las lágrimas.

2 comentarios:

May dijo...

La verdad que siento locura por los gatos, aunque por lo contario al tuyo, a mí el que más me apasiona es el gato negro.

Es un animal con una gran leyenda a sus espaldas, no hay más que leer "Los gatos de Ulthar".
No es muy apreciado por la sociedad, hablando en general, quizá estemos demasiado acostumbrados al dominio, y eso és lo que hace de estos animales que sean únicos, su gran independencia.

Me encanta el nombre que tiene el tuyo, la verdad que és precioso, como él solo. Un poema maravilloso el que le has escrito. Admiro mucho a la gente que no hace distinciones entre animales de dos o cuatro patas...

Un afectuoso saludo.

Cristina dijo...

Quiero conocerlo!

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