martes, marzo 15, 2011

Una tarjeta olvidada


Hoy he encontrado, por azar, una tarjeta de felicitación fechada en enero de 2003. Estaba dentro de un libro de poesía ("Luzbel", de José Alcalá-Zamora, uno de mis favoritos). La dedicatoria de la tarjeta es privada, claro, pero me ha hecho sonreír.

A veces olvidamos momentos realmente especiales y, de repente, viejas tarjetas con dedicatorias hace tiempo perdidas en lo más oscuro de nuestra memoria nos hacen sonreír y recordar. Recordar, por ejemplo, que estamos vivos. Y que amamos y somos amados. Y que siempre hay un motivo por el que alzar la copa y felicitarnos por seguir teniendo sueños y deseos. Incluso los incumplidos.


Arde la sangre en mí, vibra la vida,
dora el sol el paisaje y las ventanas
de mis ojos se visten las tempranas
luces de la ilusión recién nacida.

La vida a disfrutarla me convida,
¡gozar, gozar!, ni ayeres ni mañanas
me robarán el hoy con sus lejanas
promesas o memoria desteñida.

Quiero gritar mi júbilo y levanto
al aire más azul y más profundo
la plenitud salvaje de mi canto.

Mayor dicha no sé ni la deseo,
soy feliz en mi ahora y en mi mundo,
canto este instante y lo que en él poseo.

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"Exaltación", uno de los poemas del libro al que me refiero. No soy muy fanático de la poesía con rima, pero los sonetos de este pequeño volumen me encantan.

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