miércoles, junio 08, 2011

Vamos allá


Es imposible no estar asustado, pero también es imposible no tener esperanza.

Y es que, claro, cuando te prometes algo a ti mismo y lo incumples, siempre te rompe los esquemas. Hoy hace un año podría haber dicho "hay tres cosas que nunca haré". Hoy, junio de 2011, puedo decir que esas tres promesas se rompieron durante los últimos meses.

La primera no puedo decirla porque me avergüenza, aunque la sabe casi todo el mundo que me conoce. Puedo excusarme en la crisis económica. Claro.

La segunda no puedo mencionarla porque es indigna, aunque un puñado de gente de mi entorno está al tanto. Podría echarle la culpa a las circunstancias, por supuesto.

La tercera jamás la mencionaré, pues duele. Nadie la sabe, lo que la convierte en aún más dolorosa. Era la promesa que más quería cumplir y la que más fácilmente rompí. Sin paliativos. Simplemente sucedió y yo asistí como espectador.

Ninguna de esas tres promesas rotas han tenido una repercusión real en estos tres últimos meses de mi vida pero, a la vez, esas tres rupturas fueron un ejemplo claro de que todo se tambaleaba. Las consecuencias de ese tiempo de cambio que auguraban fueron claras, y no son malas ni buenas, simplemente están ahí y las debo de tomar tal cual y como son. Se acabó una relación de pareja de ocho años y pico y, no como efecto pero sí como epílogo, también una relación de trabajo de casi siete años. Podría cacarear lo de "fueron los mejores años de mi vida", pero sería una gilipollez extrema: si con mi edad, treinta y uno, no considero mis veintidós, mis veinticinco o mis veintiocho como mis mejores tiempos estaría equivocándome.

Es imposible no estar asustado, pero también lo es no tener la esperanza de que lo que está por llegar puede ser aún mejor. En eso estamos.

4 comentarios:

Charlotte dijo...

Yo, desde luego, estoy acojonada.

Yo dijo...

Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra…

Está claro que eres tú el que debes juzgarte si has cometido algo de lo que no estás nada orgulloso, empezando por eso, pero, viendo que no todo ha salido como imagino que querías, para qué andarse ahora con culpas que no cambiarán nada, o quizá sí, eso debes de saberlo tú.

Todos tenemos miedo alguna vez, en mi caso podría decirte que es siempre, pero no a distintas cosas, ni siquiera el miedo que siento se muestra como enemigo, porque pienso que vivir sin miedo es como tener la vida “resuelta”, o eso pensamos. Hay que tener miedo de no tener miedo, porque el que lo tiene ve los peligros cerca, y piensa, esquiva, tiene los ojos abiertos a la vida, y sabe que algún día pueden cambiar las cosas de manera drástica.

Pero tu miedo es lógico, y real, también una etapa que debes vivir y asumir. Pero yo no soy quien para ofrecerte consejos, aunque vas a tener que leerme a fin de cuentas, así que mejor te digo SIN MIEDO, que hables siempre de esperanza, que recuerdes que ella sigue ahí, que sólo la muerte cambia el sentido de las cosas, hasta la muerte del alma.

Pero como veo que sigues “vivo” y que has decidió hablar, sacar las cosas de dentro de ti, y eso está lleno de valor, no siempre lo sabemos encontrar en momentos así, créeme. Escribir te hará bien.
¿Sabes una cosa? Que lo bueno de perder las cosas, es que no puedes volver a perderlas, sino recuperarlas, y con alguna certeza al saber el por qué de que ya no estén.
Espero que pase rápido este momento, y pueda leerte como siempre, aunque habrás de perdonar que no siempre comente.
Un abrazo.

Jorge B. dijo...

tranqui tronqui
(sé que es una simplificación extremadamente absurda la frase, pero tranqui)

Cocó Violante dijo...

Vosotros dos podéis con lo que os echen. Suerte en la vida, que pega fuerte.

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