domingo, agosto 24, 2008

Casa de vinos


En tu cabeza no es ni un recuerdo
pero para mí es la serpiente que devora mis horas.

De rodillas con las goteras colgando
en un rostro blanco de la incertidumbre
di un sí quiero cargado de preguntas.

Me hubiera gustado verte sufrir de parto
o mamando mi hijo de tu teta eterna.

Lo pálido de tu rostro con tu sonrisa fría
congela las horas, las enfría.

Ha llegado un extraño de tez cetrina,
horroroso en su desdicha, feo e inerte
pero robándote tu corazón de deshielo.

Poco menos que un fantasma me siento
mientras saboreo los verbos de la muerte:

Jamás volveré a estar contigo.

Jamás abrazaré los brazos blancos de la suerte.

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PD: Lo peor que he escrito en mi vida, con diferencia.

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