domingo, octubre 02, 2011

Hedningarna


Hay cien escorpiones envueltos en fuego
sobre la encimera.
Las noches azules aturden a cualquier
inexperto hombre de humo.

Si tú quisieras repetir mi nombre en
los ambivalentes ocasos del futuro,
dejar de hablar ese idioma extraño
que perfora mis encías, si quisieras
abrazar tu quietud mustia, casi inexistente,
a mi noveno nombre, tú, la décima de tu nombre,
cuando los nombres de nuestros padres son cadenas
que atan con heridas de tiempo
a las caderas invisibles y los morenos atardeceres de otoño.

Un año es un torreón entre la maleza esperando un desafío
que no llega en forma de espada y escudo y silbos amorosos.
Un tocón centenario donde deberían crecer
adocenados cipreses de temperamento fiebre.

Un año es un hombre enloquecido mirándonos de reojo y apostando
por cuánto venderemos nuestros cuerpos en
la puja final que no llega,
que no parece estar ni cercana, ni lejos,
ni en la dimensión en que duermen nuestros deseos.

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