miércoles, septiembre 07, 2011

Lo que veo


Te observo llorar en silencio mientras ríes,
esperando exorcizar tus propios e indelebles demonios.

Él con otra, él mirando a otra, él
dándole consejos sobre cine, cocina, sexo
a otra.

Que no eres tú.

Luego vino el perro a mendigar
un costrón de cariño de tu brazo rubio.
Trozo de pan duro que le lanzaste llorando
y que él masticó con rabia.

Y con la mala sangre de los puteros nacidos
de mala madre inocente de toda culpa.

martes, septiembre 06, 2011

El cobalto de los delfines místicos


Deslizándote, una serpiente conscripta,
aún con una segunda piel que mudar,
que piensa en lanzar
dagas afiladas envenenadas de fuego.

Qué belleza tus ojos grandes, negros, enormes,
gigantescos en la cara pequeña de muñeca de porcelana vieja.

Las cosas grandes de tu cuerpo
te convierten en pequeña fantasía del mío.

Caíste rendida a mis rodillas,
breve cuento de primavera impregnado de alergias.

Abriendo mucho la boca
pareces el pez que no mereces.

Chasing cars


El rey ha muerto, que viva el rey.
Incinerado su cuerpo y envuelto en escombros
con sombríos trajes funerarios tejidos de antemano.

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¿Nuevo, kilómetro cero o de segunda mano?

Ojalá supiera que me llega el dinero para los tres.

sábado, septiembre 03, 2011

Galdames


Vas con la proa vigilante
marcado el rumbo a Cartagena, hogar
de elefantes impíos y sudorosos.

Una ruta de conquistadores calvos
con la espada ensangrentada
yace bajo tus pies delgados,
tus manos angulosas de clavos y esteras,
un brillo mal disimulado en pupilas amarillas.

Con tus manos tejes herrumbre, entrelazas paja,
conviertes en oro ideas descabelladas
de pelo blanco y gestos serios
regados de bourbon de medianoche.

Eres una salamanquesa reptando a oscuras
dentro de un corazón sin simiente ni retorno,
pobre órgano pulsante en el pecho de un feliz trastornado
sobrio de antifaces, de esperas, de lechos yermos,
de olvidos.

No es tu lengua manjar que yo esté predestinado a catar.

Prefiero soñarlo a vivirlo, esa es la pura verdad,
pequeñaja de pelo áspero y dedos fríos.
¿Romper conciencias, abrazar verdades?
Tal vez en un otoño trepidante, haciendo picnics imaginarios
cada vez que compartamos electricidad estática.

Un abrazo que me clava costillas y hielo fundido
me derrite entrañas con un placer inusitado.
Clava, clava más hondo, clava esa bisutería barata
en mis omóplatos ciegos.
Me estás haciendo daño y me gusta, sigue abrazando
un cuerpo que no espera miedo, que no ríe verdades,
que no exagera odios ni esgrime virtudes desdeñables
como la patria
o la máscara.

Y la lluvia de septiembre sobre morenas virtudes,
casi gemelas, casi amadas,
que hincan sus huesos en huesos
mientras huelen a la inquietante nada,
la nada absoluta del pescador en la orilla,
la nada absoluta de un niño con un perro en tu acera,
la cuesta de la nada que lleva a tu casa,
empinada y beligerante
bajo el palio eterno de tus ojos
sombríos, mustios, vulgares.

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