martes, noviembre 05, 2013

De las guerras



La estupidez del ser humano no tiene límites. Paraguay vivió a mediados del siglo XIX la mayor de las pesadillas, seguramente el caso más extremo, junto con la Camboya de Pol Pot, de exterminio de una nación en su conjunto. Es más complejo que todo esto, y no quiero politizarlo hasta el punto de que se me acuse de ponerme del supuesto lado "anti-imperialista" (el paraguayo), así que lo resumiré mucho: después de intentar ayudar a una de las dos facciones que se enfrentaban en una guerra civil en Uruguay, los gobernantes paraguayos no tuvieron otra ocurrencia que atacar a Brasil (a través del Mato Grosso) y a Argentina (por Corrientes). La Guerra de la Triple Alianza enfrentó, pues, a los paraguayos contra una coalición formada por uruguayos, brasileños y argentinos que casi borró de la faz de la tierra al país cuya actual capital es Asunción. Murieron más de tres cuartas partes de los paraguayos, y el porcentaje fue mucho mayor si hacemos referencia solo a los varones adultos (se habla de más del 90%). La situación de devastación fue tal que la poligamia fue permitida de facto durante años para intentar salvar el país del despoblamiento (historiadores paraguayos hacen referencia a que había 10 mujeres por cada hombre, aunque estudios más concienzudos hablan más bien de una proporción de 3 a 1). Paraguay, de hecho, estuvo a punto de desaparecer como nación independiente; si no lo hizo fue, en parte, porque Brasil y Argentina no tenían claro cómo repartirse el territorio (prefiriendo dejar un gobierno títere paraguayo al frente), pero también por la actitud colombiana, que se negaba a la desaparición del Paraguay, llegando a ofrecer la ciudadanía colombiana a los paraguayos "en caso de que su país desapareciera".

Alguien pensaría, y con razón, que después de estar al borde del exterminio como pueblo, los futuros gobernantes paraguayos se convertirían en adalides de la paz. Cualquiera que repase la historia paraguaya desde 1865, fecha en que terminó la Guerra de la Triple Alianza (o Guerra Grande, para los paraguayos), se dará cuenta de que no. Levantamientos militares, guerras civiles e incluso una cruenta guerra contra Bolivia, la Guerra del Chaco, han ensangrentado el territorio paraguayo desde entonces.

¿Es el ser humano tan estúpido como nos parece decir la experiencia paraguaya? ¿Acaso la Segunda Guerra Mundial no fue planificada por los hombres que décadas antes se arracimaban en las trincheras de la Primera viendo morir a sus compañeros?

Os dejo con una interesante reflexión de Smedley Butler, el militar más condecorado de la historia de las fuerzas armadas estadounidenses, autor de "La guerra es un latrocinio" (1935):

"He servido durante 30 años y cuatro meses en las unidades más combativas de las Fuerzas Armadas estadounidenses: en la Infantería de Marina. Tengo el sentimiento de haber actuado durante todo ese tiempo de bandido altamente calificado al servicio de las grandes empresas de Wall Street y sus banqueros. En una palabra, he sido un pandillero al servicio del capitalismo. De tal manera, en 1914 afirmé la seguridad de los intereses petroleros en México, Tampico en particular. Contribuí a transformar a Cuba en un país donde la gente del National City Bank podía birlar tranquilamente los beneficios. Participé en la "limpieza" de Nicaragua, de 1902 a 1912, por cuenta de la firma bancaria internacional Brown Brothers Harriman. En 1916, por cuenta de los grandes azucareros norteamericanos, aporté a la República Dominicana la "civilización". En 1923 "enderecé" los asuntos en Honduras en interés de las compañías fruteras norteamericanas. En 1927, en China, afiancé los intereses de la Standard Oil. (...)

Fui premiado con honores, medallas y ascensos. Pero cuando miro hacia atrás considero que podría haber dado algunas sugerencias a Al Capone. Él, como gángster, operó en tres distritos de una ciudad. Yo, como Marine, operé en tres continentes. El problema es que cuando el dólar americano gana apenas el seis por ciento, aquí se ponen impacientes y van al extranjero para ganarse el ciento por ciento. La bandera sigue al dólar y los soldados siguen a la bandera."


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