domingo, septiembre 28, 2014

Campos de fresas para siempre


Escuchas las gotas en el tejado de la vieja casa
y el edredón empapado en sudor se convierte en escudo.

Debajo de esta cúpula los truenos no me alcanzan.

Pero el rayo te golpea en el pecho, y lloras,
y sigue lloviendo contra las tejas polvorientas,
el agua de lluvia formando geniles, dauros y beiros por el canalón,
encharcándolo todo,
anegándolo.

Estas plantas de tu jardín necesitan que las riegues,
te decía a veces la abuela mientras se ajustaba el batín,
pero demasiada agua las ahogará,
no brota la flor de la planta muerta.

Al abuelo todo esto no le interesaba,
escondido detrás del diario gruñía, y sus gruñidos
(esquirlas de sabiduría mal descifradas),
nos habrían podido decir, de querer escucharlos,
que daba igual que naciesen o no,
que las flores están muertas desde la semilla,
que ninguna rosa permanece, que ninguna azalea perdura.

Y el rayo sigue golpeando tu pecho.
Y tú sigues llorando bajo la tibia armadura.

Los riachuelos lo inundan todo, arrastrando insectos,
llevándolos en volandas hacia el Valhalla de los bichos que nadie quiere,
que nadie añora.

¿Quién se acordará de mí mañana si hoy muero?
¿Habrá Valhalla, Paraíso o Infierno para el nieto
que no escuchó las lecciones de jardinería,
que no echó cuentas a los reproches sordos,
que siempre quería ser el primero cuando quedaba último?

Los abuelos hace tiempo que sucumbieron al tiempo destructor,
y quedé yo, semilla malnacida,
no sé si estarían orgullosos de la vida a trompicones,
o si tal vez pensaran quién es este que habla, quién
el que se esconde, quién el que canta, quién

quién

¿Y qué soy yo sino otro río que no va a ninguna parte?
¿Quién sino un insecto que se deja llevar hacia la muerte?
¿Cómo diferenciar el brote que no florece de mi vida?

Escucho las gotas en el tejado de la vieja casa.
El patio está anegado y yo desaparezco entre las sábanas,
cubierto, muy cubierto,
invisible entre mantas que chorrean miedo,
decepción,
desencanto,
tantas palabras marcadas en rojo
que ni los rayos pueden aniquilarme ya,

pues ningún poder tienen
sobre las cosas muertas.

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