miércoles, enero 01, 2014

Carta a los Tesalonicenses




Existe, yo lo he atisbado,
en noches de dolor inmenso plegado en mi pecho:
es un gato del color pardo que tienen
las tisanas de Sábado Santo,
los Maitines en cualquier lugar obsceno,
la aquilatada levedad de la madrugada
o el fatuo deseo de los besos no entregados.

Hay mil plañideras que marchitan mi gozo
con sus suspiros mal llevados. Son
(porque lo son)
rameras de bajísima estofa
que murmuran
sandeces, lindezas, enigmas lejanos
de oscuridad y muerte.

Huelen a azufre, sangre, sal y humo.
Huelen como el mismísimo pelasgo que desangró a Medusa
con brazos desnudos, descubierto pecho
y cicatrices trocando en nada su alma incorrupta.

Son insomnes como la dicha o como el desvelo del condenado.

Están ausentes como el padre ante el paredón.

Existe, yo lo he atisbado,
con manos enguantadas de luto eterno:
es un gato del color pardo que tienen
la muerte, la deshonra, el qué dirán,
la desdicha, la fatiga, el homicidio,
el desdén de una hermana que te descubre ajeno
o el tenebroso murmullo de la mala suerte.






LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...