martes, junio 02, 2015

Certezas

Todos los bebés nacen muertos,
y los viejos están llenos de vida.

Somos una paradoja en nosotros mismos,
ahítos de la sed que da el ansia de extinción.

Nacemos, vivimos, morimos,
nunca en el orden correcto de las esferas celestes,
nunca como lo hacen los cuadrúpedos, los herbívoros,
los anélidos que se arrastran,
esos especímenes toscos antediluvianos de los libros de texto.

Boqueamos buscando aire, buscando vida,
anhelando una razón para no naufragar en la intemperie
de las noches sin Luna, los días de frío,
las madrugadas serenas en las que el viento húmedo te empapa
de promesas de solemne dicha.

Todos los bebés nacen muertos,
y los viejos están llenos de una vida,
que los jóvenes beben a bocanadas.

Yo, que el pañal ya desterré lejos,
y que lejana queda mi juventud insomne,
y que aún no peino las canas de la próstata corrupta,
no siento la vida como mía,
y la observo como quien ve llover,
lejana y transparente,
como un algo que pasará algún día,
como un algo que les pasa a otros, los que se mueren.

Qué penoso observar la existencia
como el que asiste al preestreno de una obra,
encaramado a la butaca, ansioso
por aventurar la trama,
desvestir a los personajes,
adivinar sus diálogos y posturas,
llorarles cuando desaparezcan de escena.

Todos los bebés, sí, nacen muertos,
los viejos están llenos de vida,
y los jóvenes la engullen
con bocas enormes llenas de dientes y lenguas;
y yo, a medio camino del todo y de la nada,
contemplo,
simplemente contemplo,
espectador, observante, testigo,
los días que me separan de la losa.

1 comentario:

PECE dijo...

La vida del revés.
Muy bueno. Un punto de vista que sorprende.

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