jueves, abril 23, 2015

Zoe:Sol

Es admirable este destino que me une a ti,
vida mía,
protectora,
protegida. 

Pudiste no existir, pero existes, y gritas, y te enfadas
cuando papá, mamá, la yaya, el yayo, y Golfo,
ese perro al que ignoras,
no se postran, no claudican,
no son esclavos modernos anclados a tu minúscula mano.

Tu mano, tus manos firmes, prietas, blancas,
que aferran la vida con la fuerza de mil pegasos
que no vuelan sino en tu garganta cuando gritas
un "Aquí estoy", un "Yo existo"; un...
un grito, solo un grito en tu minúscula garganta.

Un grito, ese grito,
que paraliza el tiempo, el corazón, el miedo,
la ansiedad, la desidia, la pereza.

Tu voz pequeña parándolo todo sin pretenderlo.

Tus dedos adhiriéndose a la vida.

Tu lengua, que tanto tiene por decir,
deletreanto mi nuevo nombre:
pa-pá.

Mi nuevo nombre, el que tú me diste
y el que yo acepto.

Mariana:Estrella


Eres luz.
Toda tú brillas, inmensa en un cielo
cubierto, negrura infinita.

Escogiste mis manos de entre todas las manos
que cubiertas de signos de amor perpetuo se te ofrecían.

¿Y qué era yo sino un tú reflejado,
las mismas carencias, los mismos afectos,
la exacta vacía existencia del que tiene ojos como faros
en una noche sin barcos que naveguen?

Elegiste de entre una algarabía de voces
la más discordante:
la mía.

Eres luz.
Brillas perpetua en mi memoria,
en mis más oscuros secretos.
Tu vientre es el vientre,
tu boca es la boca,
tus manos poseen los dedos que señalan,
sin pretenderlo,
el objetivo, el fin, la ruta.

La ruta que lleva hasta tu boca
y que de tu boca llega hasta la mía.

Eres estrella, eres luz,
eres faro.

Eres. Y en ti, por fin,
soy.

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