jueves, febrero 18, 2016

Las líneas de Nazca

Tengo el recuerdo de un patio de Sevilla
en el que luces y sombras se juntaban inquietas.
Y tú decías "que venga la bruma,
que me devore, si yo ya no soy
la apenas nada que antecede a la noche".

Pero estabas vivo, y junto a ti soñaban los juncos
que eran nuestras orejas cuando te oían.

"Él ha dicho que ahora, cuidado,
se adormece el alma al avivar certidumbres".

Y buscábamos los significados en diccionarios incorrectos
que nos daban de bruces por nuestro torpe vocabulario.

Éramos niños en hombros de gigantes,
el más grande tú, los más pequeños
los que pastábamos, errantes, a tus pies.


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